Severn Cullis-Suzuki nació y se crió en Vancouver, Canadá. A los nueve años (mientras asistía a la escuela primaria), fundó la Organización Infantil del Medio Ambiente (Environmental Children's Organization - ECO), un grupo de niños dedicados a enseñar a otros jóvenes diversos temas sobre medio ambiente. En 1992, a la edad de 12 años, Suzuki-Cullis recaudó dinero con los miembros de la ECO para asistir a la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo "The Earth Summit", celebrada por la ONU en Río de Janeiro. Junto con los miembros del grupo (Michelle Quigg, Vanessa Suttie y Morgan Geisler), Cullis-Suzuki presentó en dicha conferencia, ante los representantes de la ONU, un discurso que trataba cuestiones ambientales desde la perspectiva de los jóvenes, donde luego de su lectura por ella misma fue ovacionada.
EL DISCURSO
Hola, soy Severn Suzuki y represento a ECO (Environmental Children's Organization). Somos un grupo de niños de 12 y 13 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo. Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a cinco mil millas para decirles a ustedes, adultos, que deben cambiar su forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo una agenda secreta. Lucho por mi futuro.
Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.
Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar en Vancouver, mi hogar, con mi padre, hasta que hace unos años encontramos un pez con cáncer. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.
Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.
¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?
Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy sólo una niña y no tengo soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.
No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo devolver los salmones a aguas no contaminadas. No saben cómo resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.
Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.
Aquí, deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad ustedes son madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos son hijos.
Aún soy sólo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.
Aún soy sólo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.
En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo como me siento.
En mi país derrochamos tanto… Compramos y desechamos, compramos y desechamos, y aún así los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder nuestras riquezas si las compartimos.
En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.
Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de ellos nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto”.
Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos?
No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda. Yo podría ser uno de esos niños que viven en las favellas de Río; podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalía; un niño víctima de la guerra en Oriente Medio o mendigo en India.
Aún soy sólo una niña y sé que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, la Tierra sería un lugar maravilloso.
En la escuela, incluso en el jardín de infantes, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos.
¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?
No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.
Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.
Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Los desafío: por favor, hagan que sus acciones reflejen sus palabras. Gracias.
En 2009 se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin, y 150 de la publicación del libro que pone en marcha la cosmovisión evolucionista: El origen de las especies. Con motivo de esta efeméride, desde el blog Terrorismo Ambiental queremos rendirle nuestro partícular homenaje, a través de la sección "Las voces de Gaia".
Charles Darwin, es sin duda alguna una de las personalidades que más han representado para el avance de la ciencia en la historia de la Humanidad. Sus estudios sobre la Evolución y sobre todo, el descubrimiento de la Selección Natural, marcó el nuevo rumbo de la Biología.
Nació en Shrewsbury, el 12 de febrero de 1809 en el seno de una familia acomodada de la Inglaterra Victoriana. Era hijo de un médico prestigioso, nieto por parte de padre del también médico y Naturalista Erasmus Darwin, y por parte de madre del famoso fabricante de porcelanas Josiah Wedgwood.
Tras un mediocre paso por los estudios elementales, en 1825 comenzó a estudiar medicina en Edimburgo para continuar la saga familiar, que abandonó en 1827 para ingresar en Cambridge y cursar estudios de sacerdocio, aunque tampoco esta era su vocación. Pero allí tuvo la oportunidad de acudir a interesantes disertaciones científicas que realmente le motivaron, y que aprovechó para conocer a importantes personalidades en el mundo de la ciencia, como el geólogo Adam Sedgwick, que le enseñó a aplicar una metodología científica en el análisis de los hechos, y al naturalista John Stevens Henslow, profesor de botánica, del que aprendió a tomar datos de sus observaciones y recolectar muestras de forma detallada.
Tras acabar sus estudios en 1831 a los 22 años, obtuvo por mediación de Henslow el puesto de naturalista sin sueldo en el barco de reconocimiento HMS Beagle, que iniciaba una expedición científica alrededor del mundo. Aunque a su familia no le gusto mucho la idea, el joven Darwin se encontraba entusiasmado. Se hizo con el mayor número de instrumentos científicos y libros que pudo recopilar y subió a bordo. Entre sus libros de cabecera se encontraba Principios de Geología de Charles Lyell, texto que le había impresionado.
Durante el viaje, que duró cinco años, pasó muchas penalidades, continuos mareos y enfermedades que le afectaron a su salud para toda la vida, pero esto no fue obstáculo para que a su regreso hubiera recopilado una cantidad inmensa de datos y anotaciones sobre geografía, geología, botánica y zoología, así como un gran número de muestras.
A su vuelta a Inglaterra se casó con su prima Emma Wedgwood, y tras unos años en Londres se trasladó a Down, un lugar tranquilo próximo al mar, donde se dedicó de lleno a la labor de analizar la desbordante cantidad de notas que trajo consigo, de las que obtendría información suficiente para escribir varios libros. Había encontrado el rumbo de su vida.
Publicó parte de la información recogida en forma de varios libros, y aunque estaba muy bien explicar como se comportaban los animales y que aspecto tenían las plantas de remotos lugares del globo, a él le interesaba mucho más el significado de todo aquello que había visto, el cómo y el por qué.
Fue anotando sus observaciones sobre las variaciones hereditarias en sus Cuadernos sobre la transmutación de las especies, pero cuando leyó el libro Ensayo sobre el principio de población del clérigo y economista político Thomas Robert Malthus, fue el momento en el que encontró la respuesta que buscaba.
Las ideas de Malthus sobre el equilibrio de las poblaciones humanas, le dieron la pista sobre el mecanismo que rige el fenómeno evolutivo: la Selección Natural, que se basa en la supervivencia de los más aptos.
En 1838, Darwin ya había perfilado su teoría de la evolución, pero consciente de las repercusiones que iba a causar y del rechazo que ocasionaría su publicación en la conservadora sociedad victoriana, decidió demorarla y continuar su perfeccionamiento, añadiendo ocasionalmente nuevos datos.
No fue hasta que en 1858 recibió una carta del también naturalista Alfred Russel Wallace, que le hizo cambiar de opinión.
A.R. Wallace, tras sus viajes por América del sur, Océano Índico y Pacífico Sur, había llegado de forma independiente al mecanismo de la Selección Natural como motor de la evolución. Había conocido a Darwin en una ocasión en 1848 antes de partir en su viaje. ·Era consciente de su prestigio como naturalista experto, y en alguna ocasión había cruzado correspondencia con él sobre cuestiones de la permanencia y mutación de las especies. Por este motivo, junto a la carta le envió su corto ensayo Sobre la tendencia de las variedades a apartarse indefinidamente del tipo original, pidiéndole que lo leyera, y que si lo consideraba interesante se lo hiciera llegar a Charles Lyell.
Wallace no era consciente que Darwin hubiera descubierto la Selección Natural con anterioridad, ni del grado de prioridad que tendría la publicación de su ensayo sobre el trabajo de toda la vida de Darwin. Esta circunstancia causó una profunda conmoción en Darwin, que no sabía como actuar sin quedar como deshonesto, llegando a escribir "Preferiría quemar mi libro entero antes que él pensara que he obrado indignamente".
Fueron sus amigos Charles Lyell y Joseph Hooker, conocedores de sus trabajos, y que durante muchos años le habían incitado a publicarlos, los que organizaron en julio de 1858 un acto en la Linnean Society de Londres, en el que se leyó una memoria conjunta de Darwin y Wallace, que posteriormente se publicó en el diario de la Sociedad.
Darwin y Wallace mantuvieron toda su vida una mutua y generosa relación, reconociendo siempre Wallace a Darwin como primer descubridor del mecanismo de la Selección Natural.
El Origen de las especies por selección natural se puso a la venta el 24 de noviembre de 1859, agotándose ese mismo día. En enero de 1860 salió la segunda edición, llegando a seis ediciones en vida de Darwin. Desde entonces no ha dejado de editarse, siendo traducido a más de treinta idiomas. Su publicación constituía una revolución científica similar a las que causaron Galileo, Copérnico y Newton en su momento, y además, como Darwin preveía, causó una auténtica conmoción en la conservadora sociedad británica del siglo XIX, que lo consideraba como una herejía. Por ello recibió los más feroces e insultantes ataques a su persona durante el resto de su vida.
La importancia del "Origen de las especies" en la biología moderna ha eclipsado el resto de la obra de Darwin, y no por eso es menos importante o extensa. Una vez concluyó su obra cumbre, continuó escribiendo de forma metódica profundizando en el tema evolutivo. En 1862 publicó un libro sobre "Fertilización de las orquídeas", en 1868 "Variación de animales y plantas bajo domesticación", en 1871 "El origen del hombre", en 1872 "La expresión de las emociones en el hombre y los animales", en 1875 "Las plantas insectívoras" y "Sobre los movimientos y costumbres de las plantas trepadoras", en 1876 "Los efectos de la autofertilización y de la fertilización cruzada en el reino vegetal", en 1877 "Las diferentes formas de las flores", en 1879 "Vida de Erasmus Darwin", en 1880 "El poder del movimiento de las plantas" y por último en 1881 publica "La formación del mantillo vegetal por la acción de las lombrices". Y con anterioridad al "Origen de las especies" ya había escrito en 1839 "Diario de investigaciones" sobre su viaje en el Beagle, en 1842 "Estructura y distribución de los arrecifes de coral", en 1846 "Observaciones Geológicas en América del sur", en 1851 un primer volumen de "Monografía sobre los Cirrípedos" y en 1852 un segundo volumen sobre los cirrípedos. Como se puede apreciar, realizó una fructífera labor de escritor sobre temas de historia natural, desde geología a antropología, pasando por botánica y zoología.
Hacia 1877, a pesar de la oposición de algunos sectores reaccionarios de la sociedad, la teoría de la Evolución por medio de la selección natural había conseguido la aceptación por la mayoría de la comunidad científica, que empezó a reconocérselo públicamente y a concederle los honores durante tanto tiempo negados, obteniendo distinciones, medallas, títulos, y su pertenencia a las más ilustres sociedades de la época, hasta que apenas quedó alguna recompensa científica que no hubiese conseguido.
El día 19 de abril de 1882, Darwin falleció de un colapso cardiaco en su casa de Down, recibiendo sepultura en la nave norte de la catedral de Westminster, junto a la tumba de Newton. Su entierro se celebró con todos los honores de un héroe nacional el 26 de abril, siendo portado su féretro por miembros de la cámara de los comunes, el presidente de la Royal Society, el embajador de EE.UU., varios nobles, y sus amigos Hooker, Huxley y Wallace.
Aprovechando este parón navideño, he estado repasando cada uno de los temas que componen este blog: cambio climático, deforestación, extinción de especies, maltrato animal... Entre todos ellos, hay uno que solamente tiene un artículo: "Las Voces de Gaia". Esta sección, nació con el objetivo de recordar a aquéllas personas, hombres y mujeres, que han dedicado su vida a estudiar, divulgar y proteger la Naturaleza. El primer personaje que recordábamos, allá por el mes de abril de este año que termina, era Félix Rodríguez de la Fuente. No podía ser de otro modo, siendo yo español, y siendo el amigo Félix el mayor referente en mi vida.
En esta ocasión, y vista la situación de abandono en la que ha estado esta sección durante tanto tiempo, he decidido resucitarla. Hoy quiero homenajear y recordar a una gran mujer, que no debemos olvidar jamás: Dian Fossey. Además, hace solamente tres días que se ha cumplido el 23º aniversario de su muerte. Así que todavía más razones para dar a conocer su vida y su obra. ¡¡Vamos a ello!!
“...Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado, y se concentra más en la conservación para el futuro”.
Última frase que escribió Dian Fossey en su diario personal
Nacida en San Francisco en 1932, tuvo una infancia desgraciada por la separación de sus padres cuando ella contaba apenas tres años de edad. La unión de su madre a una nueva pareja no mejoró, más bien al contrario, la situación familiar de Dian. Su padrastro le proporcionó un maltrato psicológico que, lejos de debilitarla, la impulsó a estudiar con más tesón en el intento de huir de esa injusta situación.
En 1954, obtuvo la licenciatura en terapia ocupacional por el San Jose State College, consiguiendo desarrollar su especialidad en el Kosair Children’s Hospital de Kentucky, donde existía una importante área en la que se investigaban modernas técnicas de trabajo con niños de educación especial. Desde su llegada al centro, se entregó por entero al cuidado de los niños discapacitados psíquicos, quienes parecían haberla escogido como principal compañera de juegos y comunicación. Sus métodos gestuales consiguieron mayor cercanía de lo habitual con estos críos tan necesitados de afecto y, pronto, sus compañeros de trabajo coincidieron en que Dian parecía haber nacido para esta forma tan hermosa de enseñanza.
Sin embargo, el destino quiso que en 1960 cayera en sus manos el libro escrito por el afamado zoólogo George B. Schaller, primer texto especializado en gorilas de montaña. En sus páginas, además de extensas narraciones sobre el hábitat y comportamiento de estos grandes simios, se arrojaban cifras catastróficas sobre su censo. En efecto, según el recuento de Schaller apenas quedaban 500 ejemplares en una zona de África Central jalonada por ocho volcanes situados entre el Congo, Uganda y Ruanda. Y lo peor estaba por llegar, dado que la moda de coleccionar cabezas, manos y pies de estos primates estaba provocando una matanza indiscriminada a cargo de furtivos, amparados por corruptos gobiernos locales.
Fossey sintió la llamada de la naturaleza y, en 1963, viajó al continente negro con más emoción que conocimientos, dispuesta a luchar por la preservación de aquella especie tan amenazada. Contactó con el célebre antropólogo Louis Leakey, quien tras algunas reticencias consintió que Dian permaneciera en la zona, con la intención de censar las últimas manadas de gorilas. De ese modo, en 1967, Fossey llegó a la majestuosa montaña de Virunga, ubicando su campamento base en Karisoke, donde permaneció varias semanas hasta poder localizar el primer grupo de gorilas. Según su propia descripción, aquel momento único y lleno de magia fue lo más impactante acontecido en su vida.
Lo cierto es, que los primeros encuentros entre la científica y sus nuevos amigos fueron de lo más aparatoso: desconfianza, persecuciones, gruñidos..., pero su formación académica, su lenguaje gestual y, sobre todo una infinita paciencia consiguieron poco a poco el beneplácito de los simios, llegando incluso a poder relacionarse con ellos, en especial con Digit, un hermoso ejemplar macho de lomo plateado con el que trabó auténtica complicidad. Durante años, Dian exploró aquel maravilloso vergel volcánico, contabilizando 220 gorilas de montaña distribuidos en varios núcleos.
En 1974 recibió por su trabajo el doctorado en zoología por la universidad de Cambridge. Todo hacía ver que se transitaba por buen camino en el anhelo de proteger a estos parientes lejanos del ser humano. Empero, aquellos gozosos avances se vieron truncados cuando los cazadores furtivos se adentraron nuevamente en el territorio de Virunga. Digit murió en una de estas masacres, lo que desató la furia incontrolada de la zoóloga. Llena de rabia, mantuvo entrevistas con las autoridades de la zona, tendió trampas a los furtivos y los persiguió denodadamente en compañía de algunos malpagados guardas forestales. Mientras tanto, sus reportajes publicados en la revista National Geographic empezaron a concienciar a miles de personas, las cuales, en un capítulo de sensibilización sin precedentes, iniciaron campañas para promover la protección de los cada vez más escasos gorilas de montaña. Se crearon fundaciones como la Digit Fundation o el Karisoke Research Center. Aquel sueño quimérico tomaba forma real con Dian Fossey, convertida en adalid de una causa más que justa.
En 1983, publicaba el libro Trece años con los gorilas de montaña, conocido popularmente como Gorilas en la niebla, donde se explicaban sus experiencias en las brumosas montañas africanas y su contacto con los primates. Esta obra literaria de imperecedero recuerdo, sirvió junto a otras de similares características para desmitificar el carácter agresivo y carnívoro atribuido, desde tiempos ancestrales, a los casi fantasmagóricos pobladores de aquellas cumbres legendarias.
Por desgracia para ella, su proyección internacional provocó la inquina fatal de los traficantes que operaban en el territorio y, en no pocas ocasiones, recibió amenazas de muerte para que abandonase Virunga.
El 27 de diciembre de 1985 se cumplieron los peores vaticinios: fue hallada en su cabaña cosida a machetazos. Durante años, el misterio sobre su muerte permaneció anclado en el ostracismo, aunque por fin se supo que el autor del crimen había sido Protais Ziriganyirago, cuñado del presidente ruandés y capo de los furtivos que mataban gorilas. Este miserable no consiguió sus propósitos pues, finalmente, los gorilas de montaña que aún quedaban recibieron la protección por la que tanto había luchado su gran aliada.
Nota: Siento no poder hacer mención al autor/a de cada una de las fotografías que acompañan a este reportaje, ya que desconozco este dato. Si alguien conoce la procedencia de estas fotos, ruego me lo comunique a través del correo electrónico.
«En los últimos años, he recorrido una buena parte del mundo para realizar películas encaminadas a despertar una actitud conservacionista en el llamado hombre de la calle. He pasado también muchas horas en nuestros bosques y estepas, en nuestras serranías, lagunas y marismas. Muchas veces, la vigorosa silueta de una rapaz recortada en el cielo me ha hecho levantar la vista con admiración; en alguna ocasión he tenido la ventura de escuchar el aullido del lobo en la noche gélida. En ambos casos me ha invadido un profundo sentimiento de ternura, de amor a la madre tierra, de humanidad con sus criaturas. Mirando la silueta de un águila o escuchando el aullido de un lobo he vuelto a prometerme a mí mismo que no descansaré mientras haya una especie que proteger.»
Félix Rodríguez de la Fuente
Félix Samuel Rodríguez de la Fuente nació en la provincia de Burgos, en un pueblecito llamado Poza de la Sal, un 14 de marzo de 1.928. Su infancia transcurrió, como no podía ser de otra manera, en plena naturaleza, en los páramos del valle de la Bureba. Su padre, Samuel Rodríguez, notario de la cercana localidad de Oña, consideraba contraproducente la escolarización temprana, por lo que permitió que su hijo Félix recorriera a su antojo por las parameras sin ser escolarizado hasta la edad de 8 años.
Arriba: Poza de la Sal, pequeño pueblo de la provincia de Burgos que vio nacer un mito: Félix Rodríguez de la Fuente.
Pero el devenir de la historia hizo que apenas ingresado en el colegio, estallara la Guerra Civil Española. Con lo cual el joven Félix continuó creciendo recorriendo los campos próximos a su pueblo en contacto con la naturaleza. Esto hizo que naciera en él una sensación de proximidad con la misma, de amor hacia la vida, tanto animal como vegetal, hacia todos los seres vivos. Y asimiló las relaciones existentes entre todos los integrantes del ecosistema.
No fue hasta 1938 cuando Félix ingresó interno en el Colegio de los Sagrados Corazones de Vitoria, donde recibiría la escolaridad básica y recuperaría el tiempo perdido. El Bachillerato lo realizó en el Colegio de los Maristas en Burgos.
A los dieciocho años se trasladó a Valladolid, donde inició los estudios de Medicina, aunque sus salidas al campo a observar la naturaleza eran continuas. Fundamentalmente llamaban su atención los halcones y comenzó a apasionarse por la cetrería. Estas salidas y la influencia que ejerció en su persona el biólogo José Antonio Valverde, uno de los artífices del Parque Nacional de Doñana forjarían en él su verdadera vocación, afición y amor hacia la naturaleza.
Arriba: Félix resucitó el arte de cetrería en España, en desuso desde la Edad Media.
Una vez obtenida la licenciatura en Medicina continuó hasta que en 1957 obtuvo la especialidad de estomatología, consiguiendo el Premio Extraordinario 'Landete Aragó' de odontología, e incluso llegó a trabajar en la clínica del Dr. Baldomero Sol. Pero esta situación era muy forzada, ya que su verdadera vocación era la Biología y una vez muerto su padre, que le había encauzado en la dirección de la Medicina, la abandonó por completo y se entregó en manos de la Naturaleza.
Como se ha mencionado anteriormente, Félix se había convertido en un experto en el arte de la cetrería. Prueba de ello es que mientras realizaba el servicio militar en la Residencia de Oficiales de Burgos disponía de un cuarto especial para que pudiera atender a los halcones. Félix, dadas sus habilidades cetreras, pasó a colaborar con el Servicio Nacional de Pesca y Caza, y logró que se creara una estación para estudio y la conservación de los halcones.
En 1960 viajó a Arabia Saudí, en calidad de halconero, portando dos 'baharíes', halcones cazadores españoles, que el Gobierno español regaló al rey Saud.
Arriba: Félix fue el 'culpable' de que el lobo ibérico no se extinguiera en España. Hasta que apareció él en escena, era un animal temido y odiado.
En 1965 Félix aparece con sus halcones en el programa "Fin de Semana" de Televisión Española, llamando la atención del público, que insistía en verlo de nuevo. Lo cual cambiaría su vida e influiría en la de varias generaciones de españoles que comenzaríamos a seguirlo en sus apariciones en la pequeña pantalla.
Gracias a una donación económica del rey Saud de Arabia y a la colaboración de varios aristócratas, pudo embarcarse en la producción de su primer documental: "Señores del espacio". El éxito de esta película le permitió estudiar en profundidad el comportamiento de los temidos lobos, llegando a convivir con una manada, en la que se erigió como líder. El lobo fue uno de los animales favoritos de Félix, logrando que una manada que vivía en libertad en una gran cárcava cercada de la provincia de Guadalajara, lo aceptara como su jefe para poder estudiar sus costumbres, sus comportamientos y sus movimientos, participando en varias de sus películas.
Dirigió la 'Operación Baharí', en la que por primera vez se usaron halcones para acabar con las aves que entorpecían el despegue y aterrizaje de los aviones en los aeropuertos. Participó en varios programas de radio y televisión, entre los que destacó 'Planeta Azul'.
Viajó a África, donde trabajó como guía de safaris fotográficos. Recorrió Uganda, Somalia, el Congo, Tanzania y Kenia. Fue precisamente en estos dos últimos paises donde realizó sus primeros trabajos para Televisión Española: cinco episodios de la serie "A toda plana".
Convertido en un símbolo del ecologismo, colaboró en la fundación de la asociación para la defensa de la naturaleza, ADENA, la delegación española del Fondo Mundial para la Vida Salvaje (WWF) y fue miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Arriba: Félix era conocido, sobre todo por los niños, como 'El amigo de los animales'.
A partir de 1974 se embarcó en su proyecto más ambicioso: "El hombre y la tierra" en sus tres series: venezolana, ibérica y canadiense. Precisamente se encontraba rodando un episodio de la "Serie canadiense", y mientras filmaba una carrera de perros esquimales conocida como 'Iditarod', en Alaska, la avioneta en la que viajaba capotó, cayó en picado y se estrelló. El "Amigo de los animales" falleció el 14 de marzo de 1980, día de su 52 cumpleaños, en las frías tierras de Alaska, junto con otros dos compañeros. Conmocionó al mundo entero y nos dejó un legado literario, radiofónico y fílmográfico imprescindible para el conocimiento de nuestra fauna.
Félix Rodríguez de la Fuente se identificó con una serie de programas de Televisión Española auténticamente excepcionales. Desde sus primeras series, como "Imágenes para saber", "Fauna", "Vida Salvaje" o "Planeta Azul", culminando con "El Hombre y la Tierra". Félix fue depurando su estilo, convirtiéndose en el más grande autor español de programas televisivos de naturaleza. Cosechó premios científicos y de popularidad tanto en España como en el extranjero.
Arriba: Rodríguez de la Fuente (en la imagen con una camisa de cuadros) fue el personaje más popular y querido de la época, convirtiéndose en un fenómeno de masas.
Durante sus últimos doce años desplegó una actividad increíble. Filmaba películas, dirigía y realizaba los mejores programas de radio y escribía libros y artículos, de una prosa bellísima, dictaba y las frases le salían redondas, solemnes y hermosas. Redactó dos grandes enciclopedias zoológicas: "Fauna Ibérica" y "Enciclopedia Salvat de la Fauna". Esta última, considerada su obra cumbre.
A partir de 1974 pudo embarcarse en su proyecto más ambicioso, la serie "El Hombre y la Tierra". En su primer tramo, la llamada "serie venezolana" de 18 capítulos, destacó la "Operación anaconda", en la que el equipo de reporteros evacuó a los animales de una laguna en peligro de desecación.
Entre 1974 y 1980 rodó los episodios de la "Serie ibérica", de la que fue director, guionista, realizador, presentador y locutor. La espectacularidad de las imágenes y las originales técnicas de filmación empleadas la convirtieron en un éxito internacional. Todavía hoy sigue siendo una biblioteca gráfica del mundo animal de primera categoría.
Félix Rodríguez de la Fuente, además de realizar programas, películas, libros y artículos, ha sido un viajero incansable, que ha recorrido Europa, África y América siguiendo la huella de los animales que amaba. Pero la empresa a la que ha dedicado sus mejores energías ha sido la de despertar la conciencia ecológica de sus compatriotas, haciendo que todo un pueblo vuelto de espaldas a la naturaleza, aprendiera a conocer, respetar y amar los animales de su país.
La voz de Félix siempre ha resonado clara y potente a la hora de defender los ecosistemas de su degradación y a los animales salvajes de su persecución y exterminio. Félix ha sido una de las figuras claves del movimiento proteccionista mundial y el más genuino filósofo de la naturaleza que hasta hoy ha producido España.
La obra de Félix Rodríguez de la Fuente no murió con él. Transmitió su espíritu conservacionista y sus actitudes a toda una generación y encendió una llama: la de la divulgación de la naturaleza a través de la televisión. Captó los sucesos del mundo silvestre e hizo crecer la conciencia ecológica de la sociedad.
Arriba: Mausoleo en memoria de Félix Rodríguez de la Fuente, en el cementerio de Burgos.
La voz de Félix ha parado, pero su eco continúa flotando en las criaturas salvajes que aún campean por la naturaleza ibérica y en el trabajo de sus continuadores.
Me llamo Manuel Sobrino Senra. Soy de A Guarda (Pontevedra), y tengo 23 años. Soy consciente de los problemas que sufre nuestra MADRE TIERRA, y siento la necesidad de darlos a conocer. Formo parte de una especie escasa, la de la gente que se preocupa por el Medio Ambiente. Pero sé que se recuperará poco a poco. Estoy seguro. Y lucharé para crear conciencia, a la medida de mis posibilidades. No soy mucha cosa, sólo una persona, entre siete mil millones; sólo soy un granito de arena en este desierto. Pero alguien dijo alguna vez que LOS DESIERTOS MAS GRANDES ESTAN FORMADOS POR LOS MAS DIMINUTOS GRANITOS DE ARENA... Espero que os guste, feliz lectura!!