Un polluelo de AGUILA ARPIA es LIBERADO en su nido original
Los indígenas cofanes de la selva amazónica, consideran al águila arpía una especie de espíritu del bosque. Sus historias, cuentan que este ave fabulosa, con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña, conduce a los monos como si fuese un rebaño. “Cuando hay monos, hay comida porque los trae el águila arpía”, dicen los sabios indígenas.
Por eso, los cofanes la bautizaron como cunsi pindo o, "la señora de los monos". Aunque otros indígenas, como los huaorani, la capturan para tenerla de mascota (ignorando que es una especie protegida); o algo más cruel que acometen los cazadores ilegales: mutilan sus uñas traseras para ponerlas a los gallos de pelea.
Junto al cóndor, el águila arpía es una de las 800 especies de aves en peligro de extinción en el planeta. La arpía, según relata Paúl Tufiño, presidente de la Corporación Sociedad para la investigación y monitoreo de la biodiversidad ecuatoriana (Simbioe), es una de las cuatro aves más grandes del mundo. Mide hasta 1,10 m de alto y 2 m de envergadura con las alas desplegadas. No hay águila en el mundo que tenga más fuerza en las garras que la arpía: hasta nueve centímetros de largo.
La investigadora Ruth Muñiz, dice que esta hermosa ave sobrecoge por su mirada, su porte magnífico, y su relación con las comunidades indígenas. La forma redondeada de su rostro, funciona a modo de antena parabólica, captando hasta los sonidos más débiles de sus presas.
Las hembras son mucho más corpulentas, llegan a pesar 11 kg, mientras los machos apenas superan la mitad de su peso (6 kg). Se alimentan de perezosos y monos chorongos, también de tigrillos.
La arpía, construye su nido en grandes árboles de ceibos, en el que cría un solo polluelo cada tres años. Pero en Ecuador, una de las mayores amenazas para esta ave es la deforestación de los bosques. Un ejemplo es Esmeraldas, donde se localizó un solo nido, el primero registrado en las últimas décadas.
Para evitar su extinción, Simbioe trabaja en un programa de control y monitoreo de la arpía en territorios como el secoya, cerca del río Aguarico, en Sucumbíos. Allí, los biólogos descubrieron una historia digna de un cuento: el indígena secoya, Guillermo Payaguaje, tenía cautiva en el patio de su vivienda un polluelo arpía de nombre Cocaya, de tan solo tres meses de edad.
Para capturarla, Payaguaje derribó un enorme ceibo, en el que decenas de palos tejían un nido de más de 2 m de diámetro. Una llamada telefónica de personal del Ministerio del Ambiente alertando a Simbioe sobre el caso, impidió que el ave sea vendida a un traficante de especies amenazadas.
La próxima tarea era titánica: convencer al indígena y su familia de liberarla, con la seguridad de que no la vuelvan a capturar. Y así fue. Payaguaje, aceptó colaborar y unirse al programa de conservación. ¿El siguiente paso? Intentar la reinserción de Cocaya en su nido original. El equipo de técnicos, con ayuda de voluntarios y del propio Payaguaje, construyó en septiembre un nido artificial en un higuerón de más de 30 metros de altura, junto al árbol derribado. Lo que para muchos resultaría imposible, la adaptación de la arpía, fue un éxito; en cuestión de minutos, el padre de Cocaya apareció para alimentar a su hija. Ahora Payaguaje, es el guardián de esta ave, símbolo de la Amazonia.











































m-n-rivers dijo
Que historia tan maravillosa...
2 Abril 2008 | 07:24 PM