EL RESPETO AL MEDIO AMBIENTE
Estamos al borde de una floresta. Ha caído la noche. Un automóvil llega por la carretera que une la ciudad a este lugar. Se detiene. Voces, ruidos, golpes de pala. Pasan los minutos. Se oye nuevamente el motor, los faros horadan las sombras nocturnas durante un momento hasta que vuelve a reinar el silencio. Si aguardásemos la mañana, veríamos que el lugar está lleno de inmundicias, de botellas y de mil objetos diversos en pedazos, de donde emana un olor nauseabundo.

Esta escena se repite todos los días, hora tras hora, en los alrededores de casi todas las principales ciudades del mundo, especialmente en las de los países ricos, donde triunfa ese fenómeno moderno que llamamos la sociedad de consumo. Pero, asimismo, la escena tiene, por desgracia, otros equivalentes en diversos medios sociales y en diferentes sitios: el niño que arroja en cualquier parte el cartucho de bombones y los papelitos que los envuelven, el señor o señora que se deshace de su cigarro, el automovilista que deja caer fuera de la ventanilla de su coche papeles o pañuelos de papel, etcétera.
La gente suele olvidar el hecho de que la mayor parte de los problemas relativos al medio ambiente tienen un carácter local: contaminación de un río, de un lago y, en consecuencia, de un barrio, de una aldea, de una ciudad. Y así, si queremos verdaderamente combatir el mal de la contaminación del ambiente, debemos comenzar por el principio, como es lógico, es decir, en el pequeño medio local. Ello supone la educación de "alumnos" de todas las edades, pues si los niños ven a los padres descuidar la higiene en casa o hacer caso omiso de las ordenanzas municipales que prohíben arrojar desperdicios sobre la vía pública o en los parques y lugares de recreo, ellos también seguirán el ejemplo, aumentando la suciedad y la contaminación general.
En numerosos países, es verdad, las personas que contribuyen a contaminar el ambiente son castigados con multas y otras penas. Pero esto no es suficiente. Se necesita crear, desde luego, una nueva actitud mental, de manera que cada ciudadano o ciudadana tenga plena conciencia del problema colectivo y de su responsabilidad frente a sus compatriotas.

La gente suele olvidar que la mayor parte de los problemas relativos al medio ambiente tienen un carácter local, contaminación de un río, un lago, un barrio...
En realidad, se trata, ni más ni menos, de una simple cuestión de sentido común, pues las precauciones recomendadas son, en el fondo, medidas de autoprotección. La caridad debe empezar en la propia casa, dice el consejo popular. Y todo el secreto consiste en una preocupación elemental: "Deje este lugar tan limpio como a usted mismo le gustaría encontrarlo". He aquí la divisa perfecta, no tan sólo para una persona, para una familia, sino también para la comunidad.
Y es en el ánimo de los niños donde debe comenzar la campaña educativa, inculcándoles el sentido de la higiene personal y del ambiente en torno. En la tecnoesfera donde vivimos es necesario conocer y comprender las consecuencias que tienen nuestros actos sobre el mundo que nos rodea, sobre el aire, el agua, el suelo, sobre la vida... Por lo regular pensamos que son los otros los responsables de la contaminación de nuestros ríos, lagos y fuentes, bosques, playas, etcétera.

Un proverbio alemán dice que quien acusa a otro debería, primero, mirar la punta de su nariz. Gran verdad y órgano apropiado, el más sensible a la contaminación del medio, tal vez. Debemos concebir nuestro medio ambiente de una manera más íntima, como si fuese -y en verdad lo es- una prolongación de nuestra propia casa. Nuestras estrechas relaciones con el mundo en torno -desde las diligencias matutinas en el mercado, la panadería, etcétera, hasta el paseo dominical- deben responder a un sistema de reflejos bien condicionados y acertados. Y, para terminar, decir que la higiene del medio debe ser en nosotros algo natural, en lo que no necesitamos ni siquiera pensar. Sólo así, partiendo de la familia y la comunidad inmediata hasta llegar al país y al continente, estaremos en condiciones de preservar la belleza y la pureza del medio natural.
Fuente: Opinión personal de Manuel González López, para el diario LA REGION.












































m-n-rivers dijo
Estoy completamente de acuerdo. No es suficiente penalizar al infractor. La mentalidad y la cultura deben asumir estos nuevos (y antiguos) conceptos sobre la higiene de medio ambiente.
8 Abril 2008 | 01:30 AM