Galicia quiere volver a ser hábitat del oso pardo
«Hola, todas las miradas están puestas en mí, y yo no recuerdo de dónde provengo, ha pasado mucho tiempo, y no tengo demasiados referentes familiares, pero sé que debo cumplir una misión: salvar a mi especie, que está en peligro de extinción». La esperanza del oso pardo gallego, vive en la parte leonesa de Los Ancares, es hembra, pesa 85 kilos, y posee un refinado instinto, que le permite descubrir a larga distancia a los machos en celo.

En alguna ocasión, se acerca a Galicia, a Lugo, y de sus visitas a tierras fronterizas, se aguardan descendientes, que se convertirán en moradores de la reserva gallega de estos plantígrados. Desde que, en 1997 la Fundación Oso Pardo (FOP), que tiene su sede en Santander, firmase el primer convenio de colaboración con la Consejería de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Xunta (acuerdo que se renueva este año con las mismas condiciones), existe una actividad continua y permanente en las áreas oseras gallegas.
La Patrulla Oso Ancares de Lugo, formada por tres personas, se encarga del seguimiento y vigilancia de la población de osos en terrenos cinegéticamente ordenados, refugios de fauna, zonas de aprovechamiento cinegético común (los municipios de Cervantes, Navia de Suarna y Negueira de Muñiz); y de la instalación de pastores eléctricos, tanto para prevenir ataques de oso en colmenares, como para proteger cultivos y pastizales de daños ocasionados por los jabalíes.

El ursus arctos (denominación científica), vive en la zona montañosa del norte de España. Allí tiene sus últimos reductos, después de haber ocupado la práctica totalidad de la Península Ibérica, de donde fue desapareciendo por las actividades humanas; las principales, la caza, y la destrucción y ocupación de hábitat (por viviendas, infraestructuras y cultivos).
En la Cordillera Cantábrica, se encuentra distribuido en dos poblaciones, que ocupan alrededor de 4.900 km2, en dos áreas separadas entre sí. La occidental, con 80-100 ejemplares, se extiende por unos 2.800 km2, dispuestos por las comunidades autónomas de Galicia, Asturias y Castilla y León. La oriental, de 25-30 individuos, ocupa unos 2.100 km2, comprendidos dentro de Castilla y León, Cantabria y Asturias.

Marca de calidad
Todos los años, la Fundación Oso Pardo detecta la presencia de 2 ó 3 ejemplares diferentes de oso en Galicia. «Cohabitan muy bien con la población rural, y su presencia es una marca de calidad para la zona donde tiene implantación; es compatible con el turismo y la actividad ganadera», cuenta Guillermo Palomero, presidente de la FOP. Son animales que, al igual que los seres humanos, al andar, apoyan el peso de su cuerpo sobre las plantas de sus pies. Son corpulentos, musculosos, y de cabeza pequeña, en relación al resto del cuerpo.
Su peso medio es de 117 kilos, en los machos; y de 93 en las hembras. Esta medida, depende de la escasez o abundancia de alimentación, variando de un año a otro, de una época a otra; y de la edad, pudiendo alcanzar los varones incluso los 200 kilos. En libertad, pueden llegar a vivir hasta 25 años. Suelen optar por bosques de montaña, o por áreas rocosas cubiertas por espesos matorrales.

Las hembras, son las que sientan raíces y permiten los censos (escogen un área y se quedan en ella a hacer vida), mientras que ellos son más solitarios, nómadas y austeros. El cortejo dura de 2 a 15 días.
Estos plantígrados son omnívoros, aunque con una marcada tendencia vegetariana. El aporte vegetal a su dieta, supera el 85% del total en todas las épocas; sólo los frutos de árboles y arbustos ya suponen, a lo largo del año, más del 50% de su alimentación.
Tienen un olfato extraordinario, mejor que el de los perros de caza; y son difíciles de ver, sigilosos y discretos. Este comportamiento esquivo, no los convierte en temerosos, porque no lo son; al contrario, son inteligentes y calculan muy bien los riesgos.
El siglo XX, se ensañó con estas maravillas vivientes. Hace una década, sólo quedaban en la cornisa cantábrica entre 70 y 80 muestras. Los trabajos emprendidos para evitar su desaparición han logrado que, mientras en Europa sigue bajando el número, en España se puede hablar de 130 miembros.

En el marco del tratado suscrito entre la Fundación Oso Pardo y la Xunta, se realizan actividades de educación ambiental (Proyecto Huella), con los escolares de los centros educativos de primaria y secundaria de las localidades lucenses de Cervantes, Navia de Suarna, Folgoso do Courel y Negueira de Muñiz; y actividades de divulgación y sensibilización dirigidas a diferentes colectivos.
«Hay un placer mayor que matar, dejar vivir». La frase es de James Oliver Carwood, al final de la soberbia película «El oso». Los hechos, narrados de esa forma épica a la que nos tienen acostumbrados el realizador, Jean-Jacques Annaud, y la fotógrafa Philippe Rousselot, no son más que los que pueden ocurrir en un momento dado en cualquier bosque. La historia, es la de un osezno que se queda sin madre tras ser abatida, y es adoptado por un oso «kodiak» adulto, que le protegerá y le cuidará de los peligros. Casualmente, el batidor de su progenitora sigue su pista. Así empezó un relato real, que casi acaba en agonía.










































moon-night-rivers dijo
Por fin España es la primera en algo de estos temas, jejeje.
Espero que la osa encuentre pronto un novio, o mejor varios a l largo de su vida, y que tenga un montón de cachorritos.
Un beset.
28 Abril 2008 | 10:05 PM