Ponte en su piel
POR fin terminaron las fiestas. Pero todavía flota en el aire el polvo del ferial y el olor a sangre que llega desde la plaza. Allí se ha sometido a tortura diaria a más de 20 toros, en nombre de una supuesta tradición basada en martirizarlos hasta la muerte, mientras el público jalea el dolor del animal.
La espada mide 80 centímetros y dependiendo de su trayectoria destruye el hígado, los pulmones, la pleura o el diafragma. Las banderillas son arpones diseñados para desgarrar la piel produciendo tremendas hemorragias y gravísimas heridas.

Es la fiesta de la sangre, la tortura, el dolor y el ensañamiento. Perdonen que discrepe pero nada de esto me parece festivo y mucho menos artístico. El arte el un proceso de creación y construcción que da vida nunca la quita.
¿Cultura, tradición? La ablación del clítoris forma parte de una determinada cultura, no por ello deja de ser una práctica abominable y perseguida en todo el mundo civilizado. Ciertas "tradiciones culturales" han ido desapareciendo gracias al progreso, la ética y la evolución.

Los toros, ¿fiesta nacional o vergüenza nacional? No entiendo qué diversión cabe en maltratar a un ser vivo hasta la muerte y mucho menos entiendo unos supuestos valores basados en el uso injustificado de la violencia, el desprecio a los derechos de los animales y el disfrute de la tortura y el maltrato. Porque por mucho que quieran adornarlo, las corridas de toros no son más que eso.
Mi opinión sobre esta forma sistemática de sadismo contra un ser vivo no puede estar más clara. Podría seguir con el resto de la simbología que todo ese tinglado entraña, como el machismo que transmite, el apego a esa imagen anclada en el pasado y que desgraciadamente es la que en el extranjero se sigue vendiendo de nuestro país, etc..., pero después de llevar más de una semana presenciando imágenes de sangre y muerte en toda la prensa, no puedo hablar más que del pobre animal víctima de todo ello.

El toro es un precioso herbívoro cuya vida, de no ser por unos intereses que mueven miles de millones de euros al año, transcurriría apaciblemente pastando. Solo es violento en las luchas territoriales, de reproducción o de peligro evidente. Su primera reacción ante este último elemento es de huida, como cualquier otro animal, pero al verse acorralado y agredido se ve empujado a seguir el macabro ritual que lo llevará a la tortura primero y a la muerte después.
Dicen que es una muerte digna. Esas palabras grandilocuentes solo son aplicables al género humano, un animal no entiende de eso, para él, el dolor es el dolor, nada más. Y el toro sufre, mucho. Aparte de que ya me explicarán qué dignidad cabe en una muerte lenta, dolorosa, torturante y asfixiante.

No entiendo esa fascinación por la sangre y la carne, ese recrearse en el dolor de cualquier ser vivo. Considero la destrucción de cualquier vida inaceptable.
Podría seguir argumentando pero ¿qué más argumentos caben? ¿Acaso la crueldad no es crueldad siempre, al margen de quien la reciba?
Me gustan los toros, por eso no me gusta que los maten y mucho menos en nombre de la tradición, la cultura o del arte. La violencia no pertenece a ninguno de esos tres apartados, al menos empecemos a llamar a las cosas por su nombre, quizás así podamos ponerlas en el sitio que les corresponde.

Fuente: Texto de Concha Casas para el IDEAL DIGITAL.
Nota: Fijaros en lo horrible que es la última foto que acompaña a este artículo. Con el toro totalmente ensangrentado en morro y espalda, y con la boca abierta, fatigado, mirando aterrorizado, como pidiendo clemencia al ASESINO que está preparado a su lado para clavarle ese cuchillo. No busco ganar lectores con estas fotos. Sólo sensibilizar. ¡¡PAREMOS ESTO DE UNA VEZ!!









































