La agonía del Río Grande San Miguel
Estudios científicos de la Facultad Multidisciplinaria de Oriente de la Universad de El Salvador (UES) y del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET), alertan sobre la agonía del río migueleño. Se estima, que si los daños no son revertidos, el río podría extinguirse dentro de 15 años. La vida dentro y alrededor del caudal ya está afectada.
Existen 20 vertientes de aguas residuales (aguas negras), que desembocan en el cauce del Río Grande de San Miguel,sin un tratamiento previo.
La contaminación, derivada directamente del crecimiento urbanístico, se une a las décadas de deterioro que ha registrado el cuerpo de agua.
Hace 20 ó 30 años, por el entonces caudaloso río, se transportaron millares de litros de químicos, utilizados para elaborar plaguicidas, usados en los cultivos de algodón. Además de otros productos nocivos desprendidos de abonos, para cultivos tradicionales como el maíz.
La deforestación y la explotación de arena y piedra, se suman al listado de atentados contra el río.
En diversas ocasiones, se ha advertido sobre los altos niveles de contaminación del río, pero es un estudio de la Facultad Multidisciplinaria de Oriente de la Universidad de El Salvador (UES), la que comprueba de forma fehaciente cuan grave es la condición del cuerpo de agua.
Pedro Ulises Navarro, del departamento de Ciencias Químicas, sostiene que un total de 855 millones de litros de aguas negras, se vierten al río cada mes.
De seguir estos niveles de descarga, sumado a los cuerpos sólidos que se lanzan al cauce, el Río Grande de San Miguel podría desaparecer o reducir aún más en solo 15 años.

“El río está bien contaminado. Casi todos los parámetros se han encontrado fuera de los límites permisibles de la norma salvadoreña (de protección de recursos naturales), establecidos para un cuerpo receptor”, explicó Navarro.
El Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET), también ha realizado estudios en algunas áreas determinadas de la cuenca del río, que comprende 2,931.8 kilómetros cuadrados.
En noviembre 2003, un informe del SNET, calificó la calidad del agua como “regular”, para indicar la amenaza que representaban las aguas para el contacto humano.
En esa ocasión, se estimó que el río presentaba valores arriba de las 1,000 bacterias coliformes (bacterias de heces fecales) por cada 100 mililitros (ml) de agua.
Para marzo 2004, se presentó un deterioro mayor en la calidad de las aguas del río. En esa ocasión, se mostraron valores de coliformes fecales hasta de 2,2 millones de bacterias por 100 mililitros.
La enorme contaminación, coincide con la ejecución de diversos proyectos urbanísticos.
¿Y la protección?
Los datos en los estudios resultaron alarmantes, sobre todo, cuando se contrastan con la vigencia de marcos legales que protegen los recursos naturales.
En el Artículo 49 de la Ley del Medio Ambiente, se establece que el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARN), será “la entidad responsable de supervisar la disponibilidad y calidad del agua, garantizando que todos los vertederos contaminantes sean tratados previamente por parte de quien los ocasionare”.
Por su parte, el Código de Salud prohibe, “las descargas de aguas negras o servidas de cualquier naturaleza en cualquier corriente o cuerpo de agua, de uso público”.

En síntesis, el Río Grande de San Miguel, registra lo que muchos otros: es utilizado como un botadero a cielo abierto, donde los residuos terminan por sedimentarse (solidificarse), afectando severamente el cauce del río, hasta morir.
San Miguel tiene 434 mil “almas”
En poco más de un siglo, el número de habitantes en el departamento de San Miguel ha crecido nueve veces, aproximadamente.
En 1890, según el investigador Guillermo Dawson, la población migueleña era de solamente “23,800 almas”.
118 años más tarde, se contabiliza un total de 434 mil tres habitantes, a lo largo de los 2,077 kilómetros cuadrados de tierra que forman el departamento.
La llamada “Perla de Oriente” ocupa el quinto lugar de los más poblados. El primer departamento es San Salvador, con 1.6 millones de habitantes. Siguen, La Libertad, Santa Ana y Sonsonate.
San Miguel tiene una densidad poblacional de 209 habitantes por kilómetro cuadrado. La mayor parte de los residentes son de la zona urbana: 50.6%, el resto (49.4%) viven en lo rural.
Sólo en la cabecera departamental residen 218 mil 410 personas.
Todos los datos corresponden al más reciente censo de población (2007), realizado por la Dirección General de Estadísticas y Censos (Digestyc), del Ministerio de Economía.
Se estima que un 7.6% de la población total de El Salvador, reside en San Miguel.
La mayor parte de este departamento, tiene vocación agrícola, sin embargo, buena parte de las tierras se encuentran ociosas.
La creciente población migueleña, ha propiciado que el casco urbano se extienda.
Desde el 2004, se desarrollan diferentes proyectos urbanísticos, entre zonas populosas y exclusivas residenciales “al estilo estadounidense”.
Esto último, debido a la significativa presencia de migueleños en suelo estadounidense.
El crecimiento urbanístico se perfila imparable, e implica que más aguas residuales irán a parar al caudal del Río Grande migueleño, sin previo tratamiento.

Fuente: Diario EL MUNDO (El Salvador)









































JIMMY dijo
ME YEGA EL INTERES POR SAN MIGUEL Y EL MEDIO AMBIENTE
24 Septiembre 2008 | 07:26