El chapapote invencible
En la playa de Gerra, en el Parque Natural de las Dunas de Oyambre, en Cantabria, me entretuve una tarde de agosto (piedra afilada, papel y botella de plástico en mano), intentando despegar algún pedazo de chapapote que todavía permanece incrustado en las rocas. Esta situación se repite en numerosas playas y acantilados del norte de España. Con el paso del tiempo y de las mareas, su apariencia se ha tornado áspera y dura, pero en su interior se conserva fresco y pegajoso, y mantiene todo su potencial contaminante, como aletargado, latente, deseando volver a esparcirse en el espacio natural y contaminar todo lo que encuentre a su paso: arena, rocas, plantas, peces, aves. Nada ni nadie escapamos a la marea negra del Prestige. Su tragedia se mantiene fresca, a pesar del aparente olvido de los políticos, de la sociedad, y de los voraces veraneantes, que hacemos la vista gorda, ansiosos de sol y de mar. Ya casi hemos olvidado esos "pequeños hilitos, como de plastelina", que un día arrasaron con la vida y la belleza natural de estas preciosas costas, porque las playas, ya están esplendorosas.Y ahí seguirá, durante muchos años más, pegado a la roca, y riéndose de nosotros: el chapapote invencible.
Fuente: Javier Robledo

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earendil dijo
Saludos !
Qué frágil es la memoria... esos "hilillos" destrozaron la vida marina en centenares de kilómetros...sin embargo los políticos continúan su periplo y recaudación como si nada...
Ciao !
28 Agosto 2008 | 04:29 PM