LA ESCALA HUMANA
Pulcramente editado por El Conejo, acaba de aparecer el último libro de Abdón Ubidia. La escala humana es su título, y alude al hecho de que cada especie viva tiene una escala propia, unos límites y proporciones que le permiten vivir en armonía con la naturaleza de la que procede. La especie humana, ha hecho todo lo posible para romper su escala, y lo ha logrado.
Si todos los seres vivos tienen su propio hábitat, la especie humana ha despreciado el suyo, y se ha inventado otro nuevo, distinto y artificial; un hábitat que no puede existir sin ese artilugio genial y maligno que es la tecnología. Así, “el ser humano -dice el autor en su prólogo- ha cumplido su viejo proyecto: romper sus propios límites. Transformarse. Dejar de ser apenas humano. Apenas natural. Disolverse en sus sueños. O en sus pesadillas”.
No es un descubrimiento nuevo, desde luego. Ya el historicismo alemán y sus derivaciones, concibieron la idea de que la historia humana es un proceso de des-naturalización de este extraño ser que es el hombre, cuya esencial originalidad consiste en crear su propio mundo: la cultura. Un mundo que fue definido como el conjunto de todo lo que no es natural.
Si este proceso fue siempre visto como un rasgo de la incuestionable superioridad de la especie humana, lo que Ubidia viene a decirnos es exactamente lo contrario: en su sed de huir de sí mismo hacia el futuro, lo que el ser humano ha hecho es condenarse a sí mismo.
Desde la aparición de los últimos inventos y descubrimientos (la ingeniería genética, la electrónica, la tecnología digital y esas cosas), lo que fue el timbre de orgullo de un ser cuya razón le había convertido en dueño y señor de la naturaleza, como escribió Descartes, ha pasado a ser la fuente de las más negras premoniciones: el mundo virtual, que disuelve la realidad y derriba todas las fronteras entre ella y lo imaginario, parecen haber entrado ya en la ruta hacia la desaparición de la especie.

El último texto del libro de Ubidia, no obstante, parece dejar una puerta abierta a la esperanza: si el hombre ha conspirado contra sí mismo al destruir el equilibrio de su hábitat natural, la realidad de su existencia parecería tener la posibilidad de prolongarse precisamente en aquello que ha sido su condena: la imaginación.
Ese territorio temible y fascinante, que no cesa de crear un horizonte engañoso y seductor, cuya conquista, sin embargo, acaso sea la fundamental empresa de los hombres sobre la Tierra.
Cada vez más cercano a la reflexión filosófica, sin por ello abandonar el ámbito maravilloso de lo literario, Abdón Ubidia nos invita a reflexionar y a entretenernos. A cumplir, por lo tanto, nuestro principal esencial papel de seres hechos para pensar y soñar un mundo por-venir. Un mundo, en el que haya todavía un lugar para encontrarnos.
Fuente: Fernando Tinajero








































