Científicos y ecologistas exigen que Las Cruces no vierta al Guadalquivir
Izquierda: Vista aérea de la mina Las Cruces, en Gerena
Aunque en cantidades que se encuentran por debajo de los límites que exige la normativa europea y española, el proyecto de la mina Las Cruces para la extracción de cobre, incluye el vertido al Guadalquivir de metales pesados, como mercurio y cadmio, cuya incidencia en el frágil ecosistema de Doñana plantea un interrogante. Ayer, el Consejo de Participación del parque nacional, aprobó por una amplia mayoría la realización de un estudio en el que se determine si la mina puede suprimir dichos vertidos, y aprovechar ese agua depurada en sus procesos industriales.
La propuesta fue planteada por los representantes de la Estación Biológica de Doñana, encabezados por su director, Fernando Hiraldo, durante la reunión del principal órgano asesor del parque, después de que fuese rechazada una propuesta de Ecologistas en Acción, quienes solicitaron que el "vertido cero" de la mina - situada en los términos municipales de Gerena, Guillena y Salteras - se lleve a cabo de manera inmediata.
"Esta mina se presenta como muy ecológica, muy verde y muy limpia, pero la experiencia nos indica que hay cosas que no se han hecho como debiera, y que debemos estar atentos", dijo tras la reunión Hiraldo, en alusión a los pozos ilegales abiertos por la titular de la explotación, la empresa canadiense Inmet Mining, la contaminación de los acuíferos, el derrumbe de algunos taludes y el deslizamiento de tierras en la zona destinada a acoger los residuos sólidos.
El citado estudio, deberá estar listo para su discusión en el Consejo el próximo 16 de diciembre, y será llevado a cabo por la Comisión de Aguas, una de las cuatro creadas ayer mismo en el seno del Consejo de Participación, y que estará bajo la dirección del presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Francisco Tapia.
Para Hiraldo, la puesta en marcha de la actividad minera debe incluir "un seguimiento durante las 24 horas, los 365 días del año" de los vertidos, así como de la calidad del aire. El objetivo es reducir a la mínima expresión, la incidencia de los residuos en la cadena trófica del Guadalquivir, que cuenta con la calificación de LIC (Lugar de Interés Comunitario), y que es la principal fuente de abastecimiento del agua de Doñana. Tanto Hiraldo como Ecologistas en Acción consideran que si, como mantiene la empresa, el agua que se verterá carecerá de problemas de contaminación, podrá ser posible su aprovechamiento por la mina, con el consiguiente ahorro. Según Juan Cuesta e Isidoro Albarreal, de Ecologistas, el volumen de agua está fijado en 0,9 hectómetros cúbicos por año, con una cantidad de 9 kilógramos de mercurio y otros tantos de cadmio, "una concentración pequeña, porque la cantidad de agua es grande, aunque no inocua", apuntan. El representante de la organización agraria Asaja, Emilio Vieira, apoyó el reaprovechamiento del agua, aunque mostró su desacuerdo con la propuesta inicial de los ecologistas por "la inseguridad jurídica a la empresa, porque modifica un proyecto que data de tres años atrás".








































