Semillas que caen en el olvido
Izquierda: Judías blancas
Cuando se habla de especies en peligro de extinción, suele pensarse en animales o, en todo caso, flora silvestre. Muy pocos son conscientes de que la biodiversidad cultivada, está desapareciendo a una velocidad de vértigo. Un equipo de científicos andaluces, dedica su trabajo a estudiar las frutas y verduras autóctonas de lugares como la comarca de Tentudía (al sur de Badajoz), la zona del Parque de Doñana y la Sierra de Huelva para intentar aminorar su desaparición. Según Rufino Acosta, profesor titular de Antropología en la Universidad de Sevilla, se trata de un problema muy serio. «Desde la década de los 50 hasta el día de hoy, ha desaparecido más del 90 por ciento de la biodiversidad cultivada», comenta el investigador.
Se trata de una de las consecuencias de la modernización de la agricultura. «Ahora todo se ha mecanizado y las industrias, a través de la ingeniería genética, realizan híbridos y fabrican semillas muy específicas, buscando una mayor producción, y homogeneizando los tipos de cultivo», explica el experto.
Sabiduría popular
El grupo de investigación Cultura, Ecología y Desarrollo de Pequeños Territorios, al que pertenece el profesor Acosta, se dedica a identificar dónde se cultivan aún esas variedades de vegetales locales. Esta tarea, la llevan a cabo entrevistándose con los lugareños de los distintos municipios. «Recogemos el conocimiento popular acerca del cultivo de las especies en peligro de extinción, su historia, su manejo, las propiedades de los vegetales», comenta el científico. Según él, se trata de una información «muy valiosa», a la que ellos añaden una caracterización de tipo agronómico. Es decir, la forma, el color del vegetal, su altura: «Se trata de unos datos de carácter técnico», añade el especialista.
Derecha: PRÓXIMO PROYECTO. Los investigadores, en México
Una vez realizado este trabajo, el siguiente paso es conservar el material genético de los vegetales analizados. Por ello, los científicos mandan las semillas a bancos de germoplasma, una técnica para almacenar las especies. El inconveniente llega a la hora de recuperarlas e intentar cultivarlas, y es que su adaptación al medio, después de haber estado años conservadas, es muy difícil. «Es como si sacasen a Walt Disney en nuestra época, no sabría dónde está», ejemplifica Acosta con humor.
Por eso, su estrategia para que los frutos y hortalizas no se extingan, pasa por darles salidas comerciales. Y para ello, están escribiendo varios libros sobre el tema. Y en sus manos la vida, es el título del ejemplar que está a punto de salir de la imprenta. En él, hablan de las especies que han encontrado y analizado en la comarca de Tentudía, así como de sus propiedades. «Lo importante es que la sociedad sea consciente del problema, y no deje que este tipo de cultivos se pierdan», comenta el profesor.
En la alta cocina
Las judías blancas (friajones), las espinacas de pincho, los pepinos enanos o los altramuces que se cultivan en la zona sur pacense, son sólo algunas especies en peligro de extinción. Por otra parte, los científicos animan a importantes chefs de cocina, para que experimenten con estos productos y creen platos en los que las especies en peligro de extinción sean las protagonistas. Todo es poco para no perder una biodiversidad de vegetales cultivados, de los que tan sólo quedan un ocho por ciento, aproximadamente, en comparación con las que existían hace 50 años.

La Junta de Andalucía, respalda este proyecto de investigación. El año que viene, el grupo de científicos tiene previsto iniciar otro estudio, esta vez de carácter internacional, en el que intentarán recuperar frutos y hortalizas en la zona de Zacatecas (México).
Izquierda: Altramuces








































