Océanos: ¿vivos o muertos?
Es de desechos de plástico, flota en el Océano Pacífico, nace en la costa de California, pasa Hawai, llega casi al Japón y tiene una superficie que duplica el territorio continental de Estados Unidos.
La noticia de esta “gran mancha de basura en el Pacífico”, que fue descubierta en mil novecientos noventa y siete y por mera casualidad, alarma no solo a ecologistas de todo el mundo.
Esta consecuencia de la actividad destructiva del hombre plantea una interrogante: ¿Cuánto tiempo falta para que encontremos océanos muertos en el planeta Tierra?
La historia de la humanidad, habla de la desaparición de especies, la triste realidad nos plantea el peligro de que algunas que coexisten hoy con los seres humanos desaparezcan para siempre, hechos todos que condenan al hombre y le colocan ese cartelito que lo señala como el principal depredador de nuestro tiempo.

Sus víctimas también son los mares y océanos del mundo, que a partir de la pesquería de arrastre, de la invasión de hábitat marinos, como los corales, y de las actividades comerciales vía marítima, están condenados a perecer a manos de los seres humanos.
Crear santuarios restringidos para el uso de las técnicas de arrastre en la pesquería no resuelve el problema a la hora de preservar los maltrechos recursos marinos de todo el planeta. Esa cifra que habla de un 75 por ciento de peces que carecen de tiempo para reproducirse, no disminuirá con este tipo de “conservadoras” medidas.
La realidad de nuestro futuro se vislumbra en las predicciones de muchos ecologistas, cuando aseguran que esa isla de basura plástica sobre la que casi se puede caminar y que suele convertir a las playas de Hawai en un sucio vertedero, esa que mata especies marinas con solo tocarlas, inundará las aguas oceánicas del planeta.
Las soluciones están en manos de esa sociedad, que ya no puede ver más a los océanos como una fuente ilimitada de abundancia o como un receptor conveniente de esa basura que matan a millones de aves marinas cada año, a cien mil mamíferos marinos e innumerables peces.

Proteger los hábitats marinos críticos, como las barreras de coral de aguas cálidas y frías, los lechos de algas marinas y los manglares pueden aumentar drásticamente el tamaño y la calidad de los peces y, además, asegurar que en el futuro no necesitemos promocionar campañas para buscar algún océano vivo en nuestro planeta.
Fuente: Litzie Álvarez Santana para Radio Ciudad del Mar (http://www.rcm.cu/)
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