¡¡Así sonríen las montañas!!
Hoy os voy a contar una bonita historia. Real, como a mí me gustan. Y se la voy a dedicar a mi sobrino Hernán, que es muy pequeño, pero los cuatro conatos de uso de conciencia que va dejando entrever, parece que denotan que tiene un cierto amor especial a los osos, justo lo que se necesita ahora. A ver si nos sale un nuevo defensor de la conservación del oso pardo en España. Cuando estuvo aquí en casa Roberto Hartasánchez, de Fapas, que ha velado por la conservación de los osos cantábricos desde hace un cuarto de siglo, hablamos de una osita llamada Villarina. En aquel momento, se encontraba aún en manos humanas.
Sucedió, que en junio de este mismo año una pareja de Madrid, Ana Canal Otero y Miguel Angel García (que es de recibo decir sus nombres), encontró, por fortuna, en una carretera de Somiedo, Asturias, en la localidad de Villarín, una pequeña osita, vagando sola y perdida. La observaron unos minutos, pero notaron que iba herida y que corría riesgo de atropello. Como todos los oseznos, nació durante el invierno en la osera de su madre, seguramente en enero o febrero, por lo que tendría en ese momento unos 5 o 6 mesecitos. La pequeña debió recibir un golpe de algún coche durante la noche. La osita quedó desamparada. Posiblemente la madre la perdió, porque son realmente muy protectoras de sus oseznos y no los abandonan fácilmente. Pero habría muerto de no ser porque fue encontrada.

Inmediatamente, supongo que emborrachados de emoción, los chicos la metieron en su coche y la llevaron a la Guardia Civil, que avisó a Fapas y FOP, las dos organizaciones que trabajan con el oso en la cordillera.
La liberaron al pensar que estaba bien y que era lo mejor, pero ella bajó de nuevo a la carretera, el lugar donde había perdido a su madre. La liberaron de nuevo en el monte, y lo intentaron varias veces más, pero volvió a aparecer al amanecer del día siguiente, totalmente sola y sin protección. Se la recogió y fue trasladada a una clínica veterinaria de Oviedo. Pesaba tan sólo 3.5 kg. Tenía la pupila dilatada y no veía bien de un ojo, e incluso el sentido del equilibrio lo tenía alterado debido a un traumatismo craneoencefálico. Se movía torpemente. Su estado era en principio "muy grave". El 1 de julio, y dada su gravedad, se la llevó a Cabárceno, donde siguió siendo atendida por veterinarios en cuidados intensivos. Tenía un coágulo muy peligroso en la cabeza, así que su situación era "de extrema gravedad". Se la administraban diuréticos y antiinflamatorios. Incluso tenía convulsiones, y debía pasar periodos diarios en incubadora con oxígeno. Se temía lo peor. Pero no se rindieron. Comía bien a pesar de su estado, lo que era esperanzador. Los naturalistas buscaron a la madre, y justamente encontraron a una osa que había sido previamente localizada con 3 oseznos, y que ahora sólo iba acompañada de 2. Se comenzó un seguimiento meticuloso de los movimientos de la madre, para tenerla localizada en la medida de lo posible. Mientras tanto, la osina fue bautizada con el nombre de Villarina.

Pasaron 10 días, y la osina ya estaba mucho mejor. Cojeaba un poco de la mano derecha, además de no manejar muy bien todo ese lado, pero ya se optó porque saliese al exterior y pudiese disfrutar de la naturaleza y del sol.
El 25 de julio, ya recuperada casi del todo (aún con problemas de visión en el ojo derecho y ligera cojera en la pata derecha), se la trasladó al Centro del Urogallo de Redes, en Sobrescobio, para que pudiera estar en total aislamiento y en un ambiente igual que el conoció al nacer y durante sus primeros meses de vida con su madre. Aquí la tenéis en Sobrescobio en septiembre, comiendo frutillas:

Allí se mantuvo un férreo régimen de aislamiento, para que la osina no quedase troquelada con el ser humano y se consiguió, pues huía del cuidador en el momento que le veía, sólo un minuto al día.
Más tarde, hubo una reunión de expertos, entre ellos Roberto, que tomaron la decisión de que había que liberar a Villarina. De otra forma, acabaría quedando cautiva de por vida, y no tenía ningún sentido. Había que intentarlo, a pesar de que las posibilidades de fracaso eran muy altas. Se decía que podría morir fácilmente, incluso matada por perros asilvestrados. Roberto vino a casa y hablamos del tema. Aún Villarina estaba en Sobrescobio, y había cierto miedo a liberarla por lo que pudiera sucederle. Pero en esos días, las cámaras de inflarrojos colocadas por Fapas inmortalizaron a la madre con el resto de la prole. Roberto estaba ya de regreso en Asturias cuando vio la foto. Una tarde me llamó y me hizo mucha ilusión, y no olvidaré aquella llamada para compartir el momento: "¡¡Abre el correo, que te acabo de enviar una foto de la madre con las osinas. Vas a ver qué gorditas están. ¿Qué te parecen?!!".

Y ahí tenéis la foto, que ya está publicada en la web de Fapas. Pasan sobre un tapiz de castaño. Es muy importante el que tengan abundante alimento antes de ir a la osera, así que llena de satisfacción el ver a las osinas bien gorditas. Y se iba a producir ya la liberación de Villarina, justo por la zona donde la madre se estaba moviendo.

El 26 de octubre, Villarina estaba de nuevo en los montes en los que vio la luz. La madre naturaleza estaba feliz de recibirla de nuevo. La futura reina de los bosques había regresado, finalmente, con dos radioemisores, que portará hasta que al año que viene mude el pelo, para poder controlar sus movimientos y ayudarla en caso de necesidad. Su peso era ya de 28 kg. Esa noche hablé con Roberto por teléfono, y me puse muy contento. Me contó que la osezna había salido rápida monte arriba, integrada en el medio salvaje. Y se alejó decididamente, perdiéndose en el bosque, que estaba lleno de nutritivas castañas. Parecía muy feliz de verse libre. Habían hecho las cosas bien. Se eligió aquel lugar porque, además de estar repleto de alimento, la madre había estado justo allí el día anterior, y previsiblemente había posibilidades de un reencuentro, quizás un reconocimiento... y ¿por qué no? una readopción. Cuando un cazador asesinó en el Pirineo a la osa Canelle, sus oseznos estuvieron con la osa Ziva, que no sé exactamente si les adoptó o les aceptó, pero en todo caso su cercanía les proporcionó seguridad y alimento.
Hoy lleva 23 días en el monte. La osina se mueve por la zona donde fue liberada, pues se ve que hay bastante alimento. Los miembros del equipo de seguimiento han avistado a la osina en varias ocasiones. Pero lo que ha sorprendido, según Fapas, es sobre todo el instinto de la osina para buscar el mejor lugar de la montaña para guarecerse. El más aislado e inaccesible.

¡¡Así es como sonríen las montañas, Hernán!!
Fuente: David Nieto Maceín, autor del recién publicado libro "Etología del lobo y del perro: Análisis e interpretación de su conducta"











































lilian fernandez dijo
Realmente genial no todo tiene que ser malo, no perderemos la esperanza mientras sucedan cosas asi Un abrazo
6 Diciembre 2008 | 07:41 PM