Muchas bocas, poco pan
"El hambre no es más que uno de los tantos problemas, cuya solución exige la participación de las naciones por encima de sus antagonismos: la contaminación del aire, los desechos industriales agresivos y la deforestación..."
CARLOS R. BUSCEMI
La vieja cosmografía de Recaldoni expone alguna de las posibilidades que no dejan lugar al optimismo. Zoroastro y Zend Avesta predicen el fin del mundo por el fuego. Pero también hay otras opciones: el choque de un cometa, la vida limitándose cada vez más a espacios más estrechos o el mar que invadirá los continentes.
Este sombrío porvenir suponemos que por lo remoto y por predicciones solamente, no deberían inquietarnos demasiado. En verdad hay motivos más actuales y urgentes de preocupación: el aumento de la población en la tierra; el recalentamiento del planeta; naciones en las cuales es considerable la cantidad de niños que mueren antes de cumplir el año y el aterrador número de seres humanos que por inanición sufren las mismas consecuencias, que llevan y obligan a la reflexión.
Un articulista veía solamente dos soluciones al problema de un mundo cada vez más poblado y escaso de recursos, o por lo menos mal distribuidos: más muertes o menos nacimientos. Obviamente no a lo primero y racionalizar concienzudamente lo segundo. La ciencia que puso al hombre en la Luna, que penetró en el secreto del átomo, la vencedora de tantas enfermedades ¿Ha de declararse incapaz de controlar situaciones semejantes? ¿La educación, con los medios modernos de comunicación masiva, es impotente para detectar estos males?
Años atrás, el Arzobispo Vicente Zaspe dijo: "más de 80 millones de latinoamericanos carecen de una vivienda decente. 75 millones son analfabetos integrales, 25 millones de niños latinoamericanos no han ido jamás a la escuela". Todo hombre y todos los hombres tienen derecho a "ser" y a vivir como tales. Se debe "tener" para ser alguien, para ser persona. Pero no me refiero a elementos considerados de lujo, sino a lo esencial, a lo que permite vivir una vida digna, sin hambre de alimentos y con posibilidades de satisfacer el hambre de valores.
Una quinta parte de la población mundial posee los cuatro quintos de los recursos disponibles. La superpoblación, el hambre y la ignorancia, traen el descontrol político, la violencia, las guerras y los actos de terrorismo.
Gastón Bouthoul, autor del libro Sobrepoblación ha escrito: "los seres humanos nacen en cantidades que el mundo ya no puede alimentar, se enrolan en partidos políticos extremistas de todas las tendencias. Parecería que la virulencia de los acontecimientos sociales y políticos tiende a ser proporcional al crecimiento demográfico". Pero el hambre no es más que uno de los tantos problemas, cuya solución exige la participación de las naciones por encima de sus antagonismos: la contaminación del aire, los desechos industriales agresivos, la deforestación, los actos de terrorismo, las tensiones que ocasiona una vida moderna tecnificante y masificante cada vez más exigente.
Aunque nosotros no tengamos superpoblación, podemos pagar indirectamente las consecuencias de ignorarlo en donde existe, del hambre y de las condiciones de vida de un mundo que está perturbando el equilibrio ecológico del planeta. Es necesario tomar decisiones, para corregir y mejorar el nivel de vida de millones de seres humanos a quienes hoy les falta el pan de cada día.
Fuente: Diario de Cuyo










































plcm dijo
El hambre coincide lastimosamente con los países mas superpoblados en la Tierra.
La solidaridad, que a los países satisfechos nos falta, es el necesario remedio inmediato al gran problema.
No es permisible que en la sociedad de la abundancia, seamos ciegos y sordos, a la autentica crisis del mundo, la que lleva a la muerte tras largo sufrimiento, a quienes no tienen con que alimentarse.
Luego la educación para evitar la supermultiplicación del ser humano, es el paso inmediato a realizar.
La naturaleza regula naturalmente a todos los seres vivos, con una sola excepción, la del hombre y esta quizás sea nuestra propia desgracia y la de la madre tierra.
Un abrazo y Navideños saludos.
PedroC.
17 Diciembre 2008 | 01:08 AM