Hace casi tres décadas que no se escucha el aullido del lobo. Hoy los lobos gritan con menos fuerza pero con más llanto y tristeza porque el jefe pródigo de la manada, el Hijo predilecto de Poza de la Sal y redentor del "Canis lupus", lleva veintinueve años aullando ininterrumpidamente cada noche en el lugar más recóndito del bosque, y sólo unas pocas personas lo escuchan, pese a que todo el mundo lo oye.
Arriba: Lobo aullando. ©Carlos Sanz
Nuestro amigo Félix, desde aquel rincón de la cárcava, con su sobada guerrera, sus curtidas polainas y sus infatigables botas, contempla cada puesta de sol bajo la vieja tronca roída por el viento, el agua y el paso del tiempo, y observa el pronunciado retroceso de su "Planeta Azul". Se encuentra cabizbajo y pensativo, en un estado agridulce; triste porque siguen muriendo águilas imperiales envenenadas en las dehesas extremeñas, siguen cerrándose cepos sobre los tarsos del lince, todavía se emiten grandes cantidades de productos tóxicos a la atmósfera y aún se talan bosques a matarrasa para enriquecer el bolsillo. Pero también está contento e irradia felicidad cuando mira para otro lado y ve que hay millones de personas velando por su legado, trabajando única y exclusivamente por y para el medio ambiente, motivo por el que luchó incansablemente.
Arriba: Félix Rodríguez de la Fuente jugando con lobos. ©Foto cedida por David Nieto Maceín
"En cada puesta de sol, en el nido del águila, o en el lobezno ibérico, allí donde late un corazón por la vida y el planeta; allí se encuentra el Amigo de los Animales como fuerte llama esperanzadora.
Tu obra y tu voz despertaron la atención de los que sentían amor por la vida.
Los que ya no están y tanto hicieron por el planeta, y los que queremos seguir trabajando, heredaremos tu "Queridos amigos", ese fruto de amistad que conquistó los corazones de medio mundo y que todavía despierta sentimientos allá por donde pasa".
¡Gracias Félix!. (Texto extraido de la Revista Acción Naturaleza)
Arriba: Tumba de Félix Rodríguez de la Fuente, en el cementerio de Burgos. ©Flickr / "Lumiago"
ELEGÍA A FÉLIX RODRIGUEZ DE LA FUENTE
Era un caballo de acero / sobre el que tú cabalgabas. / Con espíritu cidiano / en los confines de Alaska / remontabas las alturas / sobre un "babieca" con alas. / Todo era blanco ese día / al frío parto del alba; / claras eran tus ideas / de la misión programada / y claros los horizontes / con resplandores de plata. / Bajo el techo azul celeste / a la Ciencia le entregabas / el esfuerzo generoso / de tu cuerpo y de tu alma. / Era el camino tan blanco, / tan nítida la mañana, / que todo se te ofrecía / transparente a la mirada. / En los témpanos de hielo / los reverberos de plata / tapizando el horizonte / al escondite jugaban, / mientras el caballo blanco / -ese "babieca" con alas- / elevado a las alturas / nuevos espacios ganaba. /
Arriba: Ultima imagen de la avioneta que transportaba a Félix Rodriguez de la Fuente y su equipo. En ella perdieron la vida. ©Blog Forestman
Y cuando te disponías, / serena la paz del alma, / a descubrir los secretos / de la estepa legendaria, / diríase que al caballo / quebráronsele las patas / y tropicando al vacío / en un soplo se estrellaba. / Y de los Montes de Oca / la Sierra de la Demanda, / del valle de la Bureba / y del páramo de Masa, / un rumor de negra pena / entre la niebla se alzaba. / Bajaron hacia la vega, / heterogénea amalgama, / los animales del bosque / al doblar de las campanas, / uniéndose a las ovejas, / a los bueyes y a las cabras / para rendir homenaje / en sentida y fiel balada / al protector de su imagen / de la Flora y de la Fauna. / Desde todos los confines / de la tierra en que pisaras / han levantado su vuelo / con la mortaja en sus alas: / las frágiles avecillas, / los halcones y las águilas, / los pingüinos, la cigüeña, / los buitres y la abutarda / portando en su pico flores / silvestres a tu morada. / Las gaviotas han quedado / tristemente alicortadas. / De los ríos navegables / las especies que tú amabas / han saltado a tierra firme, / de vivir no tienen ganas. / Se han parado las corrientes / del Orinoco y del Plata, / del Tigris, del Amazonas, / del Potomac y del Niágara. / En las praderas marinas / los delfines ya no saltan, / han prendido en sus aletas / cintas de seda enlutadas. / Las olas ya se han rendido / quedando la mar en calma, / y la luna se ha escondido / envuelta en un mar de lágrimas. / A la provincia de Burgos, / desde los cielos de Alaska, / tu cuerpo, frío y sin vida / ha volado, ya sin alma, / porque en Poza de la Sal / querías que te enterraran. / Desde Briviesca a Sedano / de Villarcayo a Miranda / hay un duelo de alas negras / en cada parto del alba, / volando hacia el cementerio / donde elegiste tu morada. /
Arriba: Félix Rodríguez de la Fuente (derecha), con Aurelio Pérez practicando la cetrería.
No te mataron las hienas / ni los tigres de Vengala, / te traicionó un artefacto / sofisticado y con alas. / Con esa gran sencillez / burgalés de cuerpo y alma / cual recio varón cidiano / incansable en la batalla, / has consumido tu vida entre la Flora y la Fauna / para honra de la Ciencia / y para gloria de España. /
"Lucanor" Peñafiel, 17 de marzo de 1980
PARA SABER MAS:
Félix Rodríguez de la Fuente: la aventura de su vida
servido por Manuel
1 comentario
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lilian fernandez dijo
FEIZ DOMINGO MANUEL
14 Marzo 2009 | 10:08 PM