Maltrato animal en Antofagasta (Chile)
La noticia que leerás a continuación, no es sólo para que la veas y pienses "¡que pena, pobre animal!". Si no para que reflexiones acerca de la crueldad humana y actues para impedir que esto siga ocurriendo. Ya sea informando a los medios de comunicación, denunciando o actuando por tus propios medios.
Esta es la historia de un perro que vive bajo la esclavitud de un ser inhumano, atado a una cadena, sometido a las más crueles vejaciones, sin posibilidad alguna de escapar.
Sufriendo de hambre, de los golpes que este señor le propina a diario, desde hace diez años, en la propiedad que se ocupa como un taller de mecánica automotriz (a puertas cerradas), ubicada en calle José Santos Ossa Nº 3127, en donde habita el señor Julián Rojas y su familia.
La víctima es un perrito doberman que, desde cachorro, se encuentra atado a un muro con una cadena de unos dos metros (aproximadamente).
Esta cadena le ha impedido correr y desarrollarse plenamente, confinándolo a un círculo de locura de unos cuatro metros de diámetro, lo que para él corresponde a su tormentosa impronta.
Al cabo de los años, aún no hemos podido comprender la motivación de la mente degenerada de las personas que, durante más de diez años, lo han obligado a pasar los días y las noches adosado a un muro, a pesar de los fuertes aullidos provocados por el sufrimiento del pobre animal.
Vecinos del sector aseguran que hace siete años, se hizo una denuncia formal a Carabineros de Chile, quienes se hicieron presentes en el lugar de los hechos.
Estos son algunos de los testimonios de los vecinos:
"En esa oportunidad, desde un muro de tres metros de alto (aproximadamente) un oficial de Carabineros pudo observar, a lo lejos, que el perrito doberman se encontraba aparentemente en buen estado, a pesar de que desde esa altura se podía apreciar claramente que en sus orejas estaban posadas miles de moscas, que no tenía ni siquiera un lugar donde reposar ni cubrirse del frío en el invierno ni del sol en el crudo verano, siendo solo la tierra bajo sus pies el único cobijo, y a pesar de ello consideraron que no era necesario llamar ni citar a los dueños del animal”.
“Hace un año se conversó con la secretaria del programa de televisión “La Ley de la Selva”. Allí nos dijeron que debíamos llevar nuestro reclamo a las autoridades de nuestra región. Hemos conversado con los representantes de la Corporación para la Protección y Bienestar de los Animales (COPROBA), y nos aconsejaron casi lo mismo”.
En la actualidad, ya no se escuchan los aullidos, ni se oyen los ladridos, ni se sienten los gemidos del perrito. Lo que clama por ayuda en contra de la crueldad de sus amos es el permanente tintinear de los eslabones de la cadena, que arrastra pegada a su cuello desde que llegó a ese lugar, que suenan y retiñen en nuestros oídos cada vez que en nuestra casa acudimos al patio trasero para alimentar a nuestras mascotas o jugar con ellas. En el silencio de las sombras, cada noche, el sonido de la cadena se hace más fuerte y nos permite imaginar los últimos momentos de vida de un perro que ya no quiere ladrar.
El estado de ese animal nos hace recordar el sufrimiento de las personas de color en el período de esclavitud en todo el mundo. Dicha etapa en la depravación del ser humano, marcó a varias generaciones con las atrocidades, vejaciones e injusticias a las que se vieron sometidas las personas a manos de hombres y mujeres inescrupulosas que por años disfrutaron del sufrimiento de sus congéneres.
Este caso de maltrato animal, es un símil que nos recuerda aquella mancha de la sociedad, que debe ser erradicada definitivamente de nuestras vidas.
Nadie puede estar por encima la ley; la ley no es para los justos sino para los transgresores. Los dueños de este pobre animal son infractores de la ley y las autoridades deben exigirles su estricto cumplimiento, aunque creemos que sería considerado muy justo que esas insensibles personas sufrieran también el mismo trato que ese perrito doberman, atados de por vida, no a un muro sino a un cactus electrificado.
Este es un clamor desesperado; cada noche se nos desgarra el alma mientras la impotencia carcome nuestros espíritus al ver que los responsables de esos malos tratos viven y se desenvuelven en completa impunidad, amparados tal vez por algunos de sus “clientes” más influyentes de la ciudad de Antofagasta, que no desean hacerles pasar un “mal rato” a cambio de que les reparen con prontitud sus automóviles.
Nos reservamos la identidad de las personas que han denunciado estos actos con el fin de proteger la integridad de las mismas.

Fuente: La Alternativa










































yennifer andrea gonzalez dijo
si nos pusieramos ha pensar un momento o nos hicieramos una pregunta a conciencia nos gustaria ser tratados de esa forma, que por diversion decorructos , de personas con demasiado estudio en una plaza de esas, pero que a la final de eso no tienen nada, porque dios nos hizo ha todos por igual y ha ellos a un mas son animales, que no hablan pero que si sienten y que ellos son seres vivos que necesitan mas que uno porque a lo menos dios no dio el don de poder hablar mientras que los animales no , brutos somos nosotros al pensar que el hecho que no hablen no les tenemos que dar alimento, podemos maltratarlos o como si fuera poco que sea el hasme reir de mucha gente recatada pero que e eso no tienen nada mientras que ellos de estan muriendo del dolor que triste es ver algo tan vergonzozo como esto que nunca seria de agrado para dios. ni para ellos
5 Octubre 2009 | 05:56 AM