Panorama sombrío para la Gran Barrera de Coral
Es inevitable, y físicamente seguro, que la cuerda se rompa siempre por el lado más débil. Y la Gran Barrera de Coral es, probablemente junto con la Amazonia, la zona más débil del entorno natural. Por supuesto, el cambio climático no podía hacer menos que ponerla en peligro. Se avecinan daños de dimensiones catastróficas en el banco de coral más extenso del mundo y paraíso de submarinistas si no se toman medidas para detener el cambio climático, según han alertado las autoridades australianas.

Preocupados por que su tesoro nacional se convierta en un nuevo hábitat marino destruido, la presidenta del estado australiano de Queensland, Anna Bligh, ha declarado que el Gobierno necesita "urgentemente" mejorar la calidad de las aguas próximas al arrecife y reducir las fugas de nutrientes y de productos químicos procedentes de las granjas, que dañan un arrecife que ya está siendo alterado, principalmente, por el calentamiento del océano. "La Gran Barrera de Coral está cada vez más amenazada por el cambio climático y por el aumento de las temperaturas del agua", aseguró la semana pasada Bligh en la localidad de Brisbane, tras un informe de la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral.
El blanqueo del coral, las mayores temperaturas y el aumento de la acidez de los océanos, provocados por el anhídrido carbónico de origen industrial disuelto en las aguas de estos mares, contribuyen a la destrucción de los hábitats marinos del mundo entero.
Más que un coral
La desaparición de estos arrecifes no sólo es importante desde el punto de vista medioambiental y del ecosistema, lo es también en el aspecto económico. Según un estudio realizado por las Naciones Unidas, los arrecifes de esta parte del mundo aportan alrededor de 21.000 millones de euros anuales a la economía mundial gracias al turismo, la pesca y la protección general de la costa.
La Gran Barrera de Coral se extiende a lo largo de 2.000 kilómetros en la costa noreste de Australia y es uno de los ecosistemas más diversos de todo el planeta. Pese a las alarmas y el peligro existente, el ministro australiano de Medio Ambiente, Meter Garret, aseguró hace unos días que el banco de coral está actualmente "sano y bien gestionado".
Hace un par de semanas, Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de Medioambiente de Naciones Unidas, advirtió de las amenazas que emergen con rapidez en los entornos marinos de todo el mundo. Apuntó a la "aparición de zonas de muerte" y a los "impactos del cambio climático, tales como el aumento de la acidez".

De esta forma, los Gobiernos de Queensland y Australia planean para el año 2013 conseguir reducir a la mitad el volumen de nutrientes y pesticidas descargado en las aguas cercanas al arrecife. La mejora de la calidad del agua y el aumento de la investigación sobre los efectos de la pesca están entre las iniciativas que dotarán al arrecife más posibilidades de adaptarse a las "serias amenazas" que tiene por delante, indica el informe.
Sin ir más lejos, una cantidad de sedimentos que alcanzaba los 6,6 millones de toneladas, 16.600 toneladas de nitrógeno y 4.180 toneladas de fósforo llegaron hasta las aguas del arrecife en 2007, concentraciones lo suficientemente elevadas para causar daños medioambientales, según se ha visto obligado a reconocer el Gobierno. Con el plan que maneja el Ejecutivo, el 80% de la actividad agrícola dedicada al cultivo de la caña de azúcar y el algodón, así como las granjas lecheras, habrán mejorado las prácticas de gestión del suelo, nutrientes y productos químicos para el límite fijado en 2013.
Más grande que Italia
El sistema coralino, que con sus 348.000 kilómetros cuadrados alcanza una superficie mayor que la de Italia, contribuye con unos 3.142 millones de euros a la economía australiana a través del turismo, la pesca y otras actividades, y da empleo a más de 50.000 personas, según fuentes gubernamentales. Los científicos también apuntan a que el arrecife está amenazado por el aumento del nivel de los mares, y por las tormentas y los ciclones que, evidentemente, son cada vez más destructivos.
La Gran Barrera de Coral es el hogar de unas 1.500 especies de peces y de más de 360 especies de coral duro, según el Departamento de Medio Ambiente australiano. Los lechos de algas, tan poco apreciadas en nuestras playas, son una importante fuente de alimentación para los dugongos, un mamífero vulnerable, y el arrecife contiene zonas de desovado de la tortuga caguama, una especie amenazada.

El crecimiento del coral en el arrecife está reduciéndose más que en ningún otro momento de los cuatro últimos siglos, informó en enero el Instituto Australiano de Oceanografía en Townsville, Queensland. La suerte de los corales es crucial para la supervivencia de millones de seres que pueblan las costas de todo el mundo.
El primer ministro Kevin Rudd ha propuesto reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en Australia en un 25% desde los niveles de 2000 en la próxima década, siempre que exista un acuerdo internacional que estabilice los niveles de carbono.
Fuente: La Gaceta









































