Las almadrabas se enfrentan a su desaparición
Más de 2.000 años de historia pueden desaparecer en las próximas semanas. Las almadrabas de Cádiz, una fórmula sostenible y controlada de capturar el atún que se remonta a los romanos, tendrán que dejar de funcionar si sale adelante una propuesta lanzada por el principado de Mónaco para que se prohíba la exportación de la especie y se la incluya dentro del catalogo CITES, especie protegida. La mayoría de los países, a día de hoy, está de acuerdo.
Todo ha sido muy rápido. O muy lento, según se vea. Los científicos vienen alertando desde hace años que la pesca de cerco, la que realizan los buques factoría, que incluso persiguen el movimiento de los atunes con radares y aviones, están esquilmando la población. Esta codicia sin límites que tiene su gran mercado en Japón ha hecho oídos sordos a la recomendaciones. La evidencia de los datos les llevó a aceptar una cuota de capturas. La reducción de la población amenazaba con no hacer rentable la pesca del atún rojo.
En 2009 se cifró en 22.000 toneladas la cuota. A las almadrabas de Cádiz se les asignaron 1.080 toneladas, que cumplieron escrupulosamente. No sirvió para nada. La piratería italiana, chipriota y croata, barcos sin control, ha seguido abasteciendo a precios irrisorios el saturado mercado japonés, que tiene atún congelado para soportar dos o tres años sin comprar, según las estimaciones de la organización ecologista WWF, que es la que se ha volcado en la denuncia de lo que está sucediendo. No se sabe cuáles han sido las capturas en 2009, pero se teme que se haya llegado a doblar la cuota pactada. Los informes científicos no dejan lugar a dudas. Aunque el termómetro de la población de atún, que no es otro que las propias almadrabas, muestra un incremento de la población joven, el futuro de la especie no está en ese baremo, sino en que la media de capturas ha pasado de ejemplares de 180 kilos a menos de cien. Esa reducción del peso de la población adulta es la que marcaría la alerta.

Con esas cifras por delante, la comunidad científica ha declarado la situación como "límite". Así se hizo saber en la reunión del pasado septiembre y que llevó a Mónaco a abanderar la postura. El próximo lunes los ministros de Pesca de la UE tendrán que determinar si Europa se suma a la petición de Mónaco. Con los datos en la mano, los países que no tienen intereses en la pesca del atún, Alemania al frente, lo tienen claro. La postura española se desconoce y Francia duda. Si un 72% de los votos (son proporcionales) están a a favor de incluir el atún entre las especies protegidas, las almadrabas de Cádiz, con 400 empleos directos y más de 1.200 indirectos, tendrán firmada media sentencia de muerte. Posiblemente no sea así y no se alcance el 72%. Se considera que la reunión decisiva se producira en Pernambuco el próximo mes de noviembre. Es la nueva ronda de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), y allí estará Japón, que se negará en redondo, y Estados Unidos, el otro gran interesado, cuya postura era favorable a la inclusión del atún como especie protegida hace unos meses, pero ahora se matiza. Lo que salga de allí sí será vinculante. Si el atún entra en el CITES, no hay recurso. La exportación quedará prohibida. Y el 90% de la producción de las almdrabas se exporta.

Los almadraberos se están moviendo a toda velocidad para conseguir su supervivencia, pero a la Junta todo le ha cogido a traspié. desde la Consejería no se hacen delcaraciones sobre la estrategia a adoptar porque la consejera está preparando su comparecencia parlamentaria del próximo jueves con este tema como estrella. "No es que haya miedo a esta decisión. Hay pavor. Estamos hablando, nada más y nada menos, de nuestra desaparición", afirma Marta Crespo, portavoz de las almadrabas. Si fallara la votación, si se alcanzara el 72% de los votos, Europa ya habría decidido y su voto en bloque acudiría a Brasil en noviembre sin margen de negociación. Poco importaría ya lo que se dijera desde Andalucía.

Raúl García, experto en pesca de WWF y que ha asistido a todos los fracasos del ICCAT desde Nueva Orleans, hace seis años, es un firme defensor de las almadrabas. "Pagarán justos por pecadores. La pesca artesanal en Cádiz es sostenible y controlada, pero si el atún entra en el CITES no hay excepciones". Habría una salida, explica García, que pasaría por no incluir el atún en el Anexo I del CITES, que supone la prohibición total, sino en el Anexo II, que se refiere a restricciones con férreo control. Esto daría a las almadrabas un margen y se podría mantener la flota, casi un centenar de barcos, que no tienen alternativas, que no se pueden dedicar a otras especies. "No nos engañemos -insiste García-. O esto se toma serio o la pesca de atún desaparecerá no porque no haya atunes, sino porque habrá tan pocos que no merecerá la pena invertir en capturarlos".
Fuente: Europa Sur







































