Marea negra en el río Po y en el Lambro tras un sabotaje en una refinería de Milán
Derecha: Operarios municipales colocan una barrera en el río Lambro. ©MILO SCIAKY
La marea negra provocada por el vertido de 10 millones de litros de gasoil en el río Lambro ha causado un desastre ecológico en la región de Lombardía (norte de Italia). El escape tuvo lugar en una refinería de petróleo cercana a Monza en la noche del martes y en pocas horas el combustible ya había llegado al río Po, del que el Lambro es afluente. Para la organización ecologista Legambiente, este es "un desastre sin precedentes para el ecosistema del río" y del que tardará mucho tiempo en recuperarse.
El escape tuvo lugar en torno a las cuatro de la madrugada del martes cuando, según las investigaciones, alguien abrió las válvulas de una cisterna de la empresa Lombarda Petroli en Villasanta. Esta era hasta hace poco una refinería, pero en la actualidad funciona solo como depósito de combustible. En la fábrica se encontraba un vigilante que terminó su turno a las 3.30. Quien abrió las cisternas tuvo que hacerlo en torno a las 4 y conocía muy bien el lugar, ya que para hacer salir el carburante se necesita una complicada combinación de válvulas: "Es como un laberinto, te pierdes enseguida", explicó un investigador de la policía de Monza.
Sobre los motivos del presunto sabotaje todo son especulaciones. Aunque se habla de desacreditación de la empresa en proceso de liquidación, hay quien apunta hacia los especuladores de la construcción que podrían estar interesados en la zona en la que está la refinería.
La preocupación de las autoridades locales se centra en el río. "El Lambro está muerto", se decía ayer en la zona. La barreras flotantes colocadas para evitar que el combustible llegase al Po no han sido suficientes. Los bomberos, protección civil y las autoridades medioambientales trabajaron contrarreloj sin lograr frenar la marea negra, primero entre Monza y Milán y más tarde para evitar su descarga en el Po.
La situación era seria en la zona ya que los gases del combustible irritaban las vías respiratorias y además ya han muerto gran cantidad de patos y aves. Un técnico explicaba que "del aceite y del gasoil, la mitad terminará en el fondo del río. Se necesitarán decenas de años para eliminarlos".
Fuente: La Voz de Galicia




































