Cuando el arte muerde
La imagen de un animal que está sufriendo subleva inmediatamente a quien lo ve. A casi todos. Está el caso de la controversia sobre las corridas de toros y ciertas fiestas populares, pero no hablaremos ahora de eso. Lo que se está discutiendo una vez más en el mundo del arte es si es lícito utilizar animales vivos a los que se les inflige algún tipo de daño en el proceso de creación de una obra de arte. La respuesta instintiva debería ser un rotundo no, pero el asunto no es tan sencillo. La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de tirar abajo una ley de 1999 que prohibía la exhibición de vídeos que contuvieran actos de crueldad contra animales, porque eso podría ser considerado un acto de censura contra la libertad de expresión. Bajo dicha ley se había condenado ya en 2004 a un ciudadano de Virginia, que se lucraba vendiendo videos de peleas de perros pitbull, a 37 meses de cárcel.

Según informa The Art Newspaper, la comunidad artística (galeristas, directores de museos y artistas, entre otros) protestó contra esa ley porque podría incluir tanto escenas de cacerías como videos de artistas como los de Adel Abdessemed, —un prestigioso artista argelino, residente en Nueva York— que ha presentado en sus exposiciones imágenes sobre peleas de perros, de gallos o de mataderos ilegales en México donde se machacaba a martillazos a caballos y otros mamíferos comestibles, como en Don't Trust Me. ¿Es la denuncia de estos hechos atroces a través del arte una retorcida forma de complicidad al ofrecerlo como espectáculo? Eso trae el recuerdo del caso del guacamayo de Janis Kounellis, en el Museo Reina Sofía (Madrid) en 1997. El ave viva fue rescatada por la Guardia Civil tras las protestas de ecologistas que denunciaron que el pájaro no comía, ni bebía y cuando venía gente se ponía a chillar. Kounellis permitió la retirada, pero se mostró indignado por considerarlo un acto de censura y mutilación de su instalación.

O el mucho más sonado y reciente del costarricense Guillermo Habacuc, que consiguió incendiar la Red en 2007 con protestas contra su exposición en Managua donde tuvo atado a un perro famélico recogido de la calle al que decía que iba a dejar morir de hambre. Habacuc puso al perro el nombre de Natividad, para aludir a un joven (Natividad Canda) que murió devorado por dos perros Rottweiler en 2005. La directora de la galería Códice, expresó en un comunicado que el perro fue puntualmente alimentado mientras estuvo en la muestra (que duraba tres horas diarias) y que el artista quiso quedarse con él, aunque el perro logró escapar de la galería. En realidad, no se dañó al animal, pero sigue habiendo miles de protestas y videos contra la acción de Habacuc. Si el arte es denunica, ¿se debe matar al mensajero? No es difícil que la gente se precipite a acusar y hasta linchar sin atender a razones y motivaciones. El arte a veces muerde, quizá es una de sus funciones.
Fuente: PAPELES PERDIDOS








































lascosasdepepe dijo
ufffffffff entiendo que es una bestialidad lo realizado por esta gente,,, no se pero pienso que es así una bestialidad sin mas.
un abrazo
una última cosa para mi eso ni es arte ni es nada es simplemente crueldad.
27 Abril 2010 | 05:41 PM