El rinoceronte se va al cuerno: en peligro por un mito
Dicen los zoólogos que llevan unos sesenta millones de años en el planeta. Con su imponente silueta acorazada, sus ojillos tristes y esquinados y su cuerno puntiagudo como un carámbano, han sobrevivido a varias glaciaciones, a infinitas catástrofes naturales, a rudos movimientos geológicos, al posible impacto de meteoritos y a la irrupción y desaparición de otras muchas especies animales. Pero ahora, después de todo este recorrido tan largo y sembrado de trampas, los rinocerontes parecen haber llegado al borde del precipicio definitivo. Y todo por culpa de una metáfora. De una obsesión.
La medicina tradicional china recomienda, desde hace muchos siglos, utilizar el cuerno de rinoceronte ('xijiao'), reducido a polvo, como remedio para cortar la fiebre; pero su forma insolente e incluso impúdica, llena de connotaciones eróticas, hizo que muchas personas (orientales y occidentales) creyeran que ese curioso apéndice podría, además, esconder el secreto de la fertilidad y el remedio para la impotencia. "Es un mito. Totalmente un mito. Sobre todo lo de sus cualidades afrodisiacas", explica Eduardo Angulo, profesor de Biología en la Universidad del País Vasco. "El cuerno del rinoceronte está hecho de queratina, el mismo material del que se forman el pelo o las uñas. Ni siquiera tiene dentro algo particularmente sólido o con cierto valor. Podemos decir que solo es una uña monstruosa". Pero las explicaciones científicas resultan a veces demasiado aburridas para la gente, que prefiere creer en hermosas leyendas medievales de princesas, unicornios y caballeros que recuperan milagrosamente su virilidad.

La burda metáfora del cuerno erecto hace tiempo que dejó de levantar sonrisillas: por su culpa, los rinocerontes se encuentran en serio peligro de extinción. Ahora, además, se ha extendido la patraña de que el cuerno es un remedio útil para detener el avance del cáncer, con lo que su precio en el mercado negro se ha disparado. La revista New Scientist aclara que el rumor nació en Vietnam hacia el año 2005. Según relata John Sellar, un ejecutivo de la CITES (Convención Internacional sobre el Comercio de Especies en Peligro), las autoridades sudafricanas comenzaron a advertir un súbito y extraño incremento en el número de ciudadanos vietnamitas que visitaban el país para participar en cacerías de rinocerontes, que entonces todavía eran legales. Los cazadores regresaban a Vietnam con los cuernos cobrados como trofeo y, cuando llegaban a Hanoi, los machacaban y los introducían en el mercado de contrabando. El Gobierno sudafricano reaccionó prohibiendo las cacerías, pero solo consiguió que creciera el número de furtivos: hoy en día, Sellar calcula que cada 30 horas un rinoceronte es abatido en Sudáfrica. Solo en el año 2010, han caído 232 ejemplares. Y ni siquiera están a salvo en las reservas protegidas: 114 de ellos han sido cazados en el Parque Nacional Kruger. "Lo más irritante es que las redes criminales se están aprovechando de la desesperación de los enfermos de cáncer", denuncia Sellar.
El peligro chino
Apenas queda tiempo para reaccionar. "Sin una acción rápida, en los próximos diez o veinte años la mayoría de los rinocerontes salvajes habrán desaparecido", advierte la International Rhino Fundation, con sede en Estados Unidos. De momento, Sudáfrica se ha propuesto dar un paso al frente y se plantea incluso una intervención militar para frenar la caza furtiva. "Se ha convertido en una prioridad para nosotros", confesó un portavoz del Ministerio de Defensa a la BBC. "Pero yo pienso que el mayor problema está en Asia", tercia el biólogo Eduardo Angulo, "porque allá los gobiernos se preocupan menos por proteger la especie". El rinoceronte de Java, huidizo y de un solo cuerno, está ya en las últimas: se calcula que solo existen 40 o 50 ejemplares, repartidos entre el Cat Tien Park de Vietnam y el Ujungo Kulon Park de Indonesia. El problema puede agudizarse por el desarrollo frenético de China: "Hablamos de un país inmenso, que empieza a ser muy rico y en el que el cuerno de rinoceronte se utiliza como ingrediente de la medicina tradicional. Ahí está el peligro", aclara Angulo.

El caso de China demuestra hasta qué punto, en un mundo globalizado, la riqueza de una parte de la población puede traer aparejada la desgracia de toda una especie. Los rinocerontes podrían dar tristes conferencias sobre el asunto porque, antes de que la economía china empezara a carburar, ya habían sufrido una dolorosa y casi increíble experiencia. Su primera gran crisis de supervivencia data de 1973 e, indirectamente, tuvo que ver con el alza de los precios del petróleo. En el Yemen, país enclavado en la península arábiga, siempre se había considerado de buen tono poseer una daga fabricada con cuerno de rinoceronte, aunque hasta esa fecha solo la reducida clase gobernante podía permitirse comprar una de aquellas coquetas espaditas. Pero entonces comenzaron a llover petrodólares a cántaros y muchos yemeníes, convertidos de repente en millonarios, quisieron darse el gusto de comprar una daga tallada en cuerno de rinoceronte. El impacto ambiental de este capricho fue brutal: en apenas seis años, la población mundial del majestuoso herbívoro se redujo a la mitad.
La supervivencia de la especie se complica por su escasa capacidad de procreación. Los embarazos duran de 15 a 16 meses y, normalmente, solo tienen una cría por parto. Su esperanza de vida se sitúa entre los 35 y los 50 años. Cuando nacen, los pequeños rinocerontes apenas pesan 60 kilos, mientras que un ejemplar adulto puede llegar a superar en la báscula las dos toneladas y media. Pese a su curiosa estampa de montaña móvil, alcanza velocidades superiores a los 60 kilómetros por hora. Demasiadas singularidades para una sociedad hambrienta de mitos maravillosos.
Fuente: EL NORTE DE CASTILLA







































