Se busca al "animal" que lapidó al bueno de Ares
Ares tiene la cara chata, el pecho ancho, las patas cortas y los ojos cosidos, con aguja e hilo. Cuando camina, ciego, se estrella una y otra vez contra las paredes. Tiene cicatrices por toda la cabeza. Heridas que parecía que nunca cicatrizarían... Ares fue enterrado por manos humanas. Le dejaron solo la cabeza a la vista. Las piedras comenzaron a impactar sobre su cráneo. Le destrozaron la retina, el cristalino, un globo ocular. El otro. Inmóvil sólo podía aullar. Para callarlo —o para terminar con él definitivamente— le cubrieron la cabeza con piedras y tierra.
Su torturador ya se había ido. Sus ojos no existían, eran sangre. Enterrado vivo, invidente, medio sordo... trataba de sacar su cabeza y respirar. Ares parecía condenado a morir. Angustiado emitía un sonido grave, un ronquido incesante.
Lo salvaron sus congéneres. Lux, un cachorro mestizo, y David, un hermoso bóxer. Los dos canes paseaban por el barranco de Fataga —Gran Canaria— junto a su dueña, Nicole Braese. Olisquearon más de lo normal en un pequeño montículo. Era un día oscuro, de nubarrones y tormentas. El estado de nerviosismo de sus mascotas alertó a Nicole. Iban y venían. Trataban de llamar su atención, llevándola hacia unas rocas. A algo quie no se percibía a simple vista. Les hizo caso.
A pesar del viento, pudo distinguir el agitado resoplido, propio de la característica braqueocefálica de los bulldog. La manera de Ares de gritar "aquí estoy"
Sintió una mezcla de náusea y estupor al seguir el sonido, al ver asomarse uno de los ojos de Ares. O lo que quedaba de él. Carne viva, sangre y tierra encima. Piedra a piedra lo libró de su sepultura. "Parecía casi muerto, pero respiraba", dice Nicole. Al lado de Ares había un gato (apedreado también, probablemente). Por el felino no se podía hacer nada. Era cadáver. Desesperada, a oscuras casi, cargó al moribundo hasta su vehículo.
La angustia de Nicole crecía a medida que se acercaba a la Clínica Veterinaria Arauna donde solían llevar a sus propios perros a revisión. Allí esperaban las veterinarias Yilenia Viera y Zeneida León, acostumbradas a tratar a canes maltratados. Pero nunca habían visto algo así.

Las lesiones que presentaba en la cabeza era en resultado de "un cruel y descarnado ataque con piedras", describen. Quedaron paralizadas por sus heridas. Y por su estado. "Llegó deshidratado, asfixiado, sólo pesaba ocho kilos cuando lo normal por su edad —unos cinco años— está entre los 11 y 12 kg. Los ojos habían saltado de su orificio. De los cortes chorreaba pus. Calculamos que estuvo enterrado dos días. Hubo que administrarle mucho suero y respiración artificial", cuenta Yilenia. Nicole lloraba conmocionada, en estado de Shock. La muerte de Ares parecía cuestión de horas.
La primera noche Yilenia y Zeneida montaron guardia. Temían que el torturado bulldog francés dejara de respirar. Pero, al tercer día, se hizo el milagro. Sus constantes vitales se estabilizaron.
Las dos veterinarias tuvieron que tomar decisiones drásticas. Ante las graves lesiones decidieron trasladarlo hasta la Clínica Atlántica. Allí, manos expertas en oftalmología tuvieron que extirparle los ojos. "Iba tan nervioso que orinó varias veces en la furgoneta". Ciego para siempre, pero sobrevivió. Invidente y medio sordo. Pero vivo, cual guerrero perdedor que regresa de una masacre. Fue bautizado Ares por sus cuidadoras en honor al dios de la guerra en la mitología griega. Nadie sabe qué nombre tuvo antes.

Ha pasado ya un mes y Ares se mueve lenta y torpemente por la consulta. Trata de orientarse con el hocico pegado al suelo. Recula una y otra vez cuando choca contra los muebles de la habitación. Levanta la cabeza, se ven los párpados llenos de puntos. Primero parece querer ver pero luego sigue el sonido. La voz de alguien que no le hará daño. Se acerca torpemente y lame sin parar las manos de Yilenia.
Ya duerme sin interrupciones, tiene un carácter tranquilo y afable, pesa 11 kilos y da muestras de un excelente apetito. En los próximos días los veterinarios procederán a la retirada total de la docena de puntos quirúrgicos que tiene en donde estaban sus ojos.
¿Su agresor o agresores? Aún sin encontrar. Sería condenado a tres años de cárcel, gracias a la reciente inclusión del maltrato hacia los animales como delito en el Código Penal en vigor (a menos, claro, de que surgiera un juez incompetente).

Su milagrosa y cruel historia ha dado la vuelta al mundo a través de la página web de la Sociedad Protectora de Animales Anahí, de origen canario. En este momento los miembros de esta entidad sin ánimo de lucro participan activamente con los agentes de la Guardia Civil del Seprona en la investigación abierta para tratar de localizar tanto al dueño del perro como a su verdugo. Se sabe que Ares es portador de un microchip de origen alemán y que no está registrado oficialmente en el Colegio de Veterinarios de Las Palmas.
Su sufrimiento ha provocado una conmoción social. La Sociedad Protectora de Animales Anahí ha recibido casi 300 peticiones de adopción procedentes de toda España y de países como Alemania, Italia y Holanda. Pero parece que ya tiene nuevas madres. Yilenia no puede dejar de mirar llena de satisfacción al animal. Está casi convencida de que ella y Zeneida decidirán, finalmente, adoptarlo.
Ambos ríen a carcajadas cuando recuerdan que Ares, macho él, en plena recuperación, intentó montar a Pancha, la otra mascota del centro veterinario , que está en pleno celo. "Estoy de vuelta", parecía decir. "Bien vivo". Guau.
Fuente: EL MUNDO (Edición impresa)








































Alberto dijo
No tengo palabras para dar una mínima explicación sobre esto...solo me llegó una pregunta a la mente y al corazón:
¿Cuántas atrocidades más deben ocurrir para que TODO cambie en este mundo?
¿Cuántas?
Un fuerte abrazo Manu y mi más enérgica enhorabuena por ser tan "valiente y comprometido" con este blog.
Tu amigo Alberto.
15 Enero 2011 | 03:46 AM